¡Nenikékamen!

Según EL PAÍS del 13-IX-06, Dan Bartlett, asesor de la Casa Blanca, acababa de decir: "Todo se debe encaminar a un solo objetivo: la victoria en Irak". Se podría demostrar hasta qué punto es falso que el ejército sea un instrumento; no lo ha sido nunca, y uno de los argumentos está en el hecho de que la victoria sea primordialmente, y con gran diferencia, un fin para el ejército mismo; cualesquiera otros fines alegados, aun de buena fe, para la guerra, se dejarán de lado con tal de que el ejército consiga el suyo: la victoria. Que el presidente haya lanzado ahora el eslogan de "una estrategia de victoria" debe de ser porque sabe que para recobrar el favor de los americanos hay que remontar el que a ese pueblo de "winners" el número de muertos estuviese empezando a olerle ya a derrota. Pero el presidente arriesga mucho en esta última jugada, si tenemos en cuenta que la índole esencial de la victoria connota un componente simbólico imposible de eludir; certeramente lo decía mi malogrado amigo don Jacinto Batalla y Valbellido: "Lo que hace victoria a una victoria no es el hecho, sino la noticia".
Un proceso de paulatina reducción de los entrecruzados conflictos iraquíes, aun en el improbable supuesto de que se lograra, carecería del carácter de notificabilidad capaz de euforizar y embanderar esa mala pasión de borrachos de aguardiente de alcohol de quemar que es el patriotismo, con su "lujuria por los bombardeos en masa", que decía Susan Sontag. El paradigma de la victoria sigue siendo el de la clásica batalla campal, que coronaba de sangre y de gloria un día singular -"jornada" la llamaban los cronistas castellanos- y dejaba clavada "en la historia" una fecha memorable. Si el ejército lograse en Irak algo al menos análogo a esto, algo que acabase cuajando en un momento preciso en que se pudiese decir "¡Hemos ganado!" ("Nenikékamen!", en la lengua del corredor de Maratón), sin necesidad de que marcase el fin de la guerra, pero con las dimensiones requeridas, que no son otras que las de las letras de tamaño mayor de los titulares de primera plana y a seis columnas de los grandes rotativos, ya veríamos la actual impopularidad del presidente espectacularmente invertida de un día para otro en un clamoroso "landslide", saludado por una delirante explosión de orgullo americano. Que algo espectacular quiere intentarse, tras el envío de los 21.500 hombres de refuerzo, lo hacen sospechar ciertas noticias, como la de EL PAÍS del 5-II-07: "... el coronel Doug Heckman señaló que EE UU pondrá en marcha 'pronto' una campaña para estabilizar Bagdad y la ofensiva contra los militantes será de una escala jamás vista en estos cuatro años de ocupación. 'Será una operación nunca vista en la ciudad', subrayó el coronel".
A esto se sacrificarían probablemente otros supuestos fines, entre ellos, el tantas veces repetido de que las fuerzas iraquíes puedan llegar a valerse por sí mismas; respecto de lo cual el presidente no se ha recatado en la desvergüenza de amonestar a Nuri al Maliki, diciéndole que "la paciencia de los Estados Unidos es limitada" (Abc, 26-X-06), como recriminándole de que no se emplee a fondo con las fuerzas armadas que tiene a su disposición. Pero todos sabemos cómo todo encuentro más o menos intenso entre cualesquiera facciones iraquíes se ha resuelto al final con bombardeos, de helicóptero o de avión, o cañoneo de tanques, todo ello armamento americano, del que no están dotadas las fuerzas iraquíes. Últimamente ha habido incluso quejas por parte del gobierno de Al Maliki, apelando precisamente al hecho de que mientras, por una parte, se le exige más empeño y más esfuerzo en valerse por sí mismo, por la otra, se retrasa cada vez la provisión de armamento y otros medios de guerra hace ya tiempo prometidos. Se dice que los americanos no acaban de fiarse de los iraquíes para dotarlos de un instrumental de muerte que podría acabar en manos que lo volviesen contra los propios proveedores, lo cual, a juzgar por las cosas que se dicen, no parece infundado.
Por su parte, el Partido Demócrata, hoy ya mayoritario en las dos Cámaras, tampoco parece que tenga nada que hacer, si tenemos en cuenta hasta qué punto la sacrosanta y conminatoria religión nacional del patriotismo ejerce permanentemente su extorsión desde la propia base electoral. Y, por si no bastara, el presidente mismo se ha cuidado de atizar esa extorsión, potenciándola con la que he dado en llamar la "doctrina Jeremy Moore" (este general británico, vencedor de la Guerra de las Malvinas, dijo: "Ahora las Falkland son nuestras porque las hemos pagado [cursiva mía] con vidas de jóvenes británicos; todo intento de cuestionar este derecho es, sin más, una ofensa a los muertos"), consistente, como se ve, en el principio de capitalización moral y hasta jurídica de los muertos. El presidente Bush, al esgrimirla contra cualquier opción de retirarse de Irak antes de "haber cumplido la misión" (EL PAÍS, 22-X-06), ha sido aun más explícito: "... irnos deshonraría a los hombres y mujeres que han dado sus vidas allí, significaría que su sacrificio ha sido en vano". El populismo de esgrimir en sus alocuciones dirigidas al pueblo americano el honor de los muertos le permite, así pues, al presidente hacer rentables las vidas de los combatientes como instrumento de extorsión indirecta ("indirecta", puesto que se tramita a través del electorado) de los senadores o los representantes, que, por temor a la reprobación de sus propios electores, no le pondrán muchas trabas para seguir su guerra.
La patria, nacida en el antagonismo y la victoria ("la violencia creadora de derecho" de Walter Benjamin), se perpetúa bajo un signo de amenaza; los sucesivos hijos de la patria, engendrados en el seno del acatamiento de aquel derecho originario, tienen congénita la condición de vencedores y se reputan por legitimados para conminar a los que desacatan: "Vae uictis!". Así se forma la tacha de "antipatriotismo" como un estigma socialmente execrable, que los trances de guerra, al remedar su origen, exasperan y agigantan. Cualquier palabra mínimamente atenuante sobre el enemigo provoca la clásica, amenazadora, pregunta: "Oye, ¿tú de qué lado estás?". No digo ya el pacifismo, sino cualquier tendencia hacia lo que hoy se designa como "apaciguamiento" es una ofensa a los muertos, porque intercepta el odio al enemigo. He dado a este fenómeno el nombre de "escatologización de los antagonismos". "Escatologizar" significa llevar hasta el fin, hasta ellímite (y "más allá del límite", si nos atenemos a la certera observación de Hegel: "pensar el límite es traspasarlo"); la resonancia teológica no es inoportuna, ni tan siquiera metafórica, dado el halo religioso que envuelve las reuniones de la Casa Blanca, y aun la propia guerra de agresión a Afganistán y a Irak; "Faith-Based War" la llama el comentarista Garry Wills; y el propio presidente Bush consagró sus hazañas con estas palabras: "Ha llegado el Juicio Final para los terroristas".
Una carta recuadrada del Abc del 15 de enero, titulada "¡No queremos paz, sino victoria!", se lamenta del triste destino de la palabra "paz" -"tan hermosa", "tan profundamente cristiana"-, por haberse visto "manipulada, manoseada", casi "prostituida" por la "hipocresía" de los colectivos pacifistas a raíz del "desplome del Muro de Berlín". "Con un lenguaje más subliminal pero igualmente falso", la misma palabra "paz" habría sido de algún modo cómplice en que "la actitud mezquina y cobarde" de cierto sector de la opinión pública occidental, especialmente europea, con el terrorismo islamista esté permitiendo "una especie de 'síndrome de Estocolmo' en nuestra sociedad hasta límites que resultan nauseabundos". Un tal proceso de envilecimiento y degeneración de la palabra "paz" viene a hacer, finalmente, rechazable cualquier posible actitud que de algún modo, tan siquiera indirecto o meramente sospechoso, pueda arrimarse a la noción de paz en relación con la ETA. Y a esto venía la exclamación del título, con la oposición entre la paz y la victoria y la enfática opción por la victoria, que ahora el texto explicita y corrobora: "Queremos la victoria del bien sobre el mal, del orden sobre el desorden, de la democracia sobre la dictadura separatista, de España sobre el terrorismo de cualquier signo". Y, más abajo: "Esa es la paz que queremos. La paz que es consecuencia de la lucha. La verdadera paz que resulta de la legítima victoria".
No digo que haya sido necesario que viniese de América, con su reciente serie de conflictos, este aumento generalizado del rechazo y la exasperación contra todo lo que de lejos pueda sonar a lo que hoy se designa como "apaciguamiento", pero sí que me parece que la absolutización escatológica de la polaridad maniquea entre el Bien y el Mal, elevada de facto a la categoría de "universal real", puede muy bien ser reflejo de las febriles reuniones religioso-patrióticas de las salas capitulares de la Casa Blanca. Una tan tenebrosa imagen del abismo entre los destinados a la bienaventuranza y los destinados a la condenación como la que está detrás de esta especie de neomaniqueísmo americano es mucho más propia de las representaciones de ciertas sectas o iglesias reformadas que de las representaciones de la iglesia Romana. A pesar de lo cual -con una gran parte de la jerarquía eclesiástica aparentemente hundida en un preocupante síndrome de afasia- no faltan indicios, al menos en un sector de los católicos españoles -autoridades incluidas-, de que ya no ofrecen resistencia alguna al neooscurantismo religioso de Ultramar.
En La Razón del 18 de mayo del 2006, bajo un titular que dice: "Blázquez indigna a las víctimas al pedirles que perdonen a sus verdugos", se cuenta cómo monseñor Blázquez, obispo de Bilbao, con una prudencia o hasta una timidez rayana en la disculpa, avanzó unas palabras que aspiraban a ser conciliatorias y que terminaban expresando el deseo de "que se pida perdón, que se ofrezca y se reciba, para que se pueda llegar a una reconciliación". A estas palabras podría ciertamente reprochárseles la indigencia de no apartarse un soplo de las rutinarias inercias del púlpito, pero, para enorme sorpresa y estupefacción de lo que uno habría esperado, fueron incriminadas justamente por todo lo contrario: por ofender los oídos de los fieles como una escandalosa novedad, que hasta rozaba tal vez la heterodoxia. A algo aproximadamente así debieron de sonarle por lo menos al señor Miquel Buesa, presidente del Foro Ermua, por cuanto se mostró partidario de que monseñor Blázquez estudiase su renuncia como obispo de Bilbao y como presidente de la Conferencia Episcopal, ya que sus palabras "le descalificaban totalmente como pastor de almas" y sus planteamientos sobre la cuestión terrorista diferían "bastante" de lo que piensan los católicos.
Por su parte, el arzobispo de Toledo y Cardenal Primado, monseñor don Antonio Cañizares, en una entrevista de El Mundo del 10 de julio del 2006, también defiende el perdón: "El perdón está en la entraña de la fe cristiana. Jesucristo perdonó en la cruz, dijo 'perdónales, porque no saben lo que hacen' y siempre estuvo dispuesto a perdonar. Pero el perdón reclama arrepentimiento. ETA debe admitir no sólo que se ha equivocado, sino que ha hecho un gravísimo daño". Pero aquí el señor Arzobispo incurre en un lapsus de contradicción con la letra de las Sagradas Escrituras; en efecto, si el perdón "reclama arrepentimiento", si la ETA "debe admitir" su equivocación y el gravísimo daño que ha hecho, para obtener perdón, este perdón condicionado ya no es el de Cristo en la cruz -"Perdónales, Señor, porque no saben lo que hacen"-, porque sólo se les otorga a los que "saben lo que han hecho", y además, tal como implica el arrepentimiento, lo reconocen como mal. Aquí también parece que los vientos de Ultramar han llegado a soplarle al arzobispo de Toledo la doctrina de la absolutización escatológica de los antagonismos hoy renaciente en ciertas sectas o iglesias reformadas. Tal influencia podría estar corroborada por el hecho de que nuestro buen Arzobispo de Toledo parezca incluso compartir con el propio presidente Bush, ya sea la doctrina Mejía-Víctores, ya la Jeremy Moore. La primera ya la enuncié otra vez en otro texto: el general guatemalteco Óscar Arnulfo Mejía-Víctores, elevado hace años a jefe del Gobierno y preguntado si pensaba negociar con la guerrilla, dijo: "Quien negocia pierde"; la segunda es la ya mencionada más arriba, que postula la capitalización moral de los muertos, lo que sólo en términos de victoria alcanza su criterio y expresión. Recogiendo, así pues, el Arzobispo, en la misma entrevista (de El Mundo, 10-VII-06), la referencia del entrevistador a la equiparación bastante difundida entre "parlamentar" y "claudicar" o entre "negociación" y "rendición", no se para en matices y profiere directamente estas palabras: "Rendirse es perverso, y por eso a ETA hay que derrotarla. Las víctimas no pueden plantearse la duda de que tantos muertos no han servido de nada si al final los terroristas logran su propósito". Y aquí conviene detenerse un momento en señalar y remediar otra muy comprensible -dado el ambiente forestal en que se mueve esta cuestión- distracción del Arzobispo, pues la correlación entre las partes se le entrecruza de manera equívoca: los propósitos para cuyo logro se pretende que las víctimas sean de alguna utilidad no pueden ser más que los propósitos de los que las hacen, o sea de los etarras. Si las víctimas son, por tanto, producidas por los propios terroristas para servir a sus propósitos, el deseo del victimato tendría que ser precisamente el de que las víctimas no hayan servido para nada, lo que, de un modo más explícito, equivale a decir que no les hayan servido a los terroristas para avanzar en sus propósitos o fines. Pero no puede haber ningún razonamiento que no sea una enramada de pura logomaquia capaz de hacer idéntica o siquiera equivalente la inutilidad de las víctimas para los fines de la ETA en utilidad alguna para nadie. En todo caso, aunque mal puede haber ninguna gana para ello, cabría congratularse de que al menos hayan tenido la fortuna de no haber servido para nada.
Rafael Sánchez Ferlosio es escritor.

Reivindicación del periodismo

SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ 17/02/2007 . El país
John Pilger, un reportero incómodo y crítico, reúne en esta antología 21 grandes textos periodísticos unidos por un mismo concepto del oficio. Unos textos que ponen en evidencia la enorme capacidad de subversión del periodismo cuando capta correctamente el significado de los hechos.

Cuando los periodistas "normalizan lo impensable para el público general" cometen uno de sus peores errores. Lo lamentable es que a menudo hacemos ese trabajo sin apenas saber hasta qué punto estamos en el borde de ese entramado propagandístico. Pero también es verdad que cuando un periodista es capaz de captar correctamente el significado de los hechos y trasladarlo a sus conciudadanos, entonces brilla como nunca su contribución al "noble empeño humano de no dejarse engañar".
Muchos se preguntan hoy día si el periodismo corre peligro de desaparecer. Si lo hace, es probable que no sea porque hayan cambiado sus soportes o porque triunfe internet, sino porque haya caído precisamente en manos de esa "normalización", de la propaganda y del espectáculo. Es posible que en medio de la gran crisis actual, que obliga a las grandes empresas de comunicación a cambiar su modelo de negocio, se produzcan grandes agujeros a través de los que, finalmente, esos poderes de la propaganda consigan su gran triunfo. Es posible que jamás el periodismo haya sido tan vulnerable a esa amenaza. Pero también es más evidente que nunca la capacidad de subversión y de resistencia del periodismo que predica lo contrario y que conserva el espíritu de desobediencia.
Esto es lo que piensa John Pilger y el motivo por el que ha elaborado esta magnífica antología de grandes trabajos periodísticos: como acicate para los profesionales, exigencia para los ciudadanos y, quizás, orgullosa reivindicación del oficio. Pilger es un periodista australiano famoso por sus feroces críticas a los que considera periodistas pusilánimes, un polemista de la escuela de Noam Chomsky que provoca ronchas en los medios tradicionales. Pero todo el mundo, incluso esos medios, reconoce que es un reportero excepcional, uno de los que denunció el apoyo encubierto y cínico que proporcionaron muchos gobiernos occidentales al régimen camboyano de Pol Pot.
¡Basta de mentiras! es en ese sentido una lectura energética y provechosa. Los 21 artículos que recoge coinciden en una cosa: predican la desobediencia, la lucha tenaz y desconfiada frente a todos los poderes. La primera divisa de todos ellos es, probablemente, la que le enseñó a Pilger la gran reportera norteamericana Martha Gellhorn: "Nunca creas a los gobiernos, a ninguno, ni una palabra de lo que digan, observa con desconfianza todo lo que hagan".
El subtítulo del libro puede resultar engañoso. El periodismo de investigación que está cambiando el mundo. Es cierto que algunos de los reportajes incluidos pertenecen a ese género, por ejemplo el excepcional trabajo del equipo Insight de The Sunday Times que consiguió que la empresa fabricante de la talidomida terminara por indemnizar correctamente a sus víctimas. Un trabajo fruto, dice Pilger, no sólo de la excelencia periodística sino, sobre todo, de la voluntad moral de los integrantes de aquel equipo, dispuestos a pasar por encima de la verdad legal. Años más tarde uno de ellos, Phillip Knightley, escribe: "En las facultades de periodismo se cita aquel escándalo como ejemplo del mejor periodismo combativo (...
) pero el caso habla también de los fracasos del periodismo. El director del equipo, Bruce Pagem, nos preguntó: "¿Qué excusas podemos ofrecer por habernos mantenido al margen de todo este maldito asunto hasta que prácticamente fue demasiado tarde?". Una pregunta que debería abrumar hoy a muchos periodistas respecto a Irak y Guantánamo.
Sin embargo, el subtítulo es en
gañoso porque buena parte del contenido de la antología no responde a trabajos de investigación, sino a lo que constituye la primera y más clásica raíz del periodismo: el puro testimonio (ir, ver y contar), algo que sigue conservando un impresionante valor subversivo. Brilla como un auténtico diamante el trabajo actual de la periodista israelí Amira Hass, empeñada en dejar testimonio directo de los terribles efectos de la política de su país entre la población palestina. (Algún día Israel reconocerá que Hass merece ser incluida en la lista de héroes judíos). Testimonios directos como el de la profesora Jo Wilding, testigo presencial del asedio de Faluya (Irak). Como el extraordinario de Wilfred Burchett en 1945, nada dispuesto a creer la verdad oficial según la cual, un mes después del bombardeo, en Hiroshima no pasaba nada. The New York Times tituló en primera: "Ninguna radioactividad en las ruinas de Hiroshima". Pero Burchett llegó a la ciudad y escribió en el Daily Express: "Martes, 16 de septiembre. Hiroshima. Escribo esto como advertencia para el mundo. Treinta días después de que la primera bomba atómica destruyera la ciudad, la gente sigue muriendo de modo misterioso y horrible, personas que no resultaron heridas por el cataclismo, debido a algo desconocido que sólo puedo describir como peste atómica".
A la edición española le faltan algunos de los reportajes de la edición norteamericana, por ejemplo, uno de Seumas Milne sobre la "guerra secreta" que desplegaron los servicios de inteligencia británicos contra el líder de la huelga minera Arthur Scargill.

La tribu desdichada

Manuel Leguineche 17/02/2007 . El País. Babelia.
Las guerras del siglo XX han sido contadas a través de la prensa escrita y de la radio hasta la Segunda Guerra Mundial, después la televisión se incorporó en Vietnam a la cobertura periodística y, por último, los conflictos en la antigua Yugoslavia o en Irak han sido transmitidos a partir de la realidad virtual. No obstante, los periodistas honestos siguen aspirando a ser testigos de primera fila de los acontecimientos para denunciar los abusos y las mentiras de los poderosos.
"Cuando llega una guerra, la primera víctima es la verdad", dijo el senador Hiram Johnson
Hoy las líneas morales se entrecruzan. Las guerras son un batiburrillo de violencia y de crueldad si es que se le puede llamar guerra a una sarracina como la de Irak
Apartaos de mi camino, miserables borrachos", era la frase con la que el general Kitchener obsequiaba a los corresponsales de guerra en Sudán, tal y como recoge Philip Knightley en su libro La primera baja.
Los soldados venían a ser algo así como los corresponsales de guerra, mal avenidos y borrachos. Hace falta mucha vocación para aguantar un ritmo tan infernal y un desprecio tan profundo. Pero el periodismo de investigación no ha cedido y sigue dando disgustos a los generales, a los patrones de las grandes empresas y a los altos funcionarios. Hace falta mucho cuajo para resistir día a día tantas dificultades. Conocimos las que sufrieron (y gozaron) Woodward y Bernstein en el curso de su trabajo en el Watergate. Pero ése es sólo un emblema del oficio. Hay otros muchos casos en los que la persecución de la noticia y la identificación de los culpables o de los responsables fue voraz e indeclinable. En todos esos casos triunfó el periodismo de investigación. Estos periodistas son los que fueron llamados el siglo pasado muckrakers, o sea, los que hozan en la basura. Para acceder con éxito a este tipo de periodismo se necesita entre otras cosas tiempo, persistencia y dinero. En los países en los que no ha triunfado el periodismo de investigación, resulta una tarea imposible, y hay otro dato: una sociedad impermeable al secreto, que huye de las fuentes. Nada se puede hacer con ese tipo de individuos que no sueltan prenda. Pero se trata de no abandonar su presa que es lo que hace del periodismo un arte y una búsqueda de la verdad.
"Cuando llega una guerra la pri
mera víctima es la verdad", dijo una vez el senador norteamericano Hiram Johnson. El servicio de prensa fue hasta que llegó William Howard Russell una emanación de los ejércitos. "Apartaos de mi camino". Privados de las fuentes del conocimiento, los corresponsales debieron batirse contra los guardianes del tesoro: ni una palabra salía de sus labios que contuviera algún secreto. Se trataba de abrir la Caja de Pandora y descubrir relaciones nuevas. Russell -que está enterrado en la londinense catedral de San Pablo, bajo una placa que reza: "El primero y más grande de los corresponsales de guerra"- rompió con ese esquema de sumisión a las autoridades militares. Se puso a informar por su cuenta, a moverse en mula por el frente hasta donde le dejaban, a informar con veracidad in situ.
Su brillante crónica de la carga de la Brigada Ligera en The Times del 14 de noviembre de 1854 llevó la consternación a la opinión pública británica. La verdad era una píldora amarga y Russell, el primer testigo incómodo. Se llamó a sí mismo "el mísero padre de una tribu desdichada". Russell estaba, a pesar de todo, hecho de la madera de los héroes que gustaban a los militares, patriotas antes que reporteros. La Primera Guerra Mundial fue todavía tiempo de la Galaxia Gutenberg. La Segunda Guerra Mundial traería la hegemonía de la radio; Vietnam, de la televisión, y el Golfo o Kosovo, de la realidad virtual. Martha Gellhorn, tercera esposa de Hemingway y una de las mejores corresponsales de todos los tiempos, afirmó que Vietnam había sido la última guerra de los enviados especiales. Ella misma fue expulsada de Vietnam a mediados de los sesenta por sus investigaciones sobre abusos y casos de corrupción. Otro testigo incómodo.
Churchill aseguró que después de las guerras atómicas vendrían las guerras atomizadas, eso es lo que puede estar pasando ahora en Congo, Irak, Darfur y tantos otros puntos negros que empiezan o se desarrollan donde siempre, en Oriente Próximo. Ahora, y no sólo ahora, van todos los periodistas juntos y les dejan algo de libertad para disimular, con cuentagotas.
Hay quienes prefieren estas gue
rras masificadas en las que se les controla mejor a los de la tribu. Las mismas ruedas de prensa, las mismas declaraciones, la misma rutina, y llegarás a la conclusión de que desde donde mejor se informa es desde Washington. Algunas de las mejores exclusivas han nacido allí, no en el ardor de la batalla ni en las trincheras, son guerras que se desarrollan en los despachos.
Sin embargo, los lectores necesitan descripciones dramáticas y un material así, caliente, no se logra desde los hoteles, sobre los miradores de la guerra o sobre la base de los partes oficiales que el ejército entrega en forma de observaciones de un testigo ocular. Hay que arriesgar, acercarse a primera línea. Más lejos, la foto no vale. Más cerca puede ser una traición a la patria. El periodismo confundido con el espionaje. Nada hay que hacer que dañe al ejército propio. Para ellos, el periodista debe ser antes un patriota que un cronista civil por libre. Cualquier cosa que diga o escriba servirá como información para el enemigo. Ya dijo Napoleón que prefería el control de los periódicos a una división en combate.
Un historiador escribió que, debido a los propagandistas del Estado Mayor y a los empeñados en ignorar las derrotas, "no hubo periodo más ignominioso en la historia del periodismo que los cuatro años de la Gran Guerra". En 1917, en la batalla de Somme, cayeron divisiones enteras. Los aliados perdieron 600.000 hombres en una sola batalla. Los diarios se olvidaron de la noticia por temor a un colapso de la moral de combate, a una crisis en el alistamiento de reclutas o a un levantamiento general que se vislumbraba en el horizonte. No sólo es que sufriera la verdad, sino que los periódicos se transformaron en aparatos de propaganda.
En las trincheras españolas de 1936 se inició un debate a cara de perro sobre objetividad y compromiso. Los corresponsales acreditados en el bando de la República fueron por lo general abanderados de la causa, lo mismo que los destacados en el bando franquista. Eran más los destinados a tomar partido que los defensores de la vía descriptiva, distanciada, que contaba los hechos sin editorializarlos. "¡A la mierda con la objetividad, gritó Martha Gellhorn, aquí lo que está en juego es la derrota del fascismo!".
Este debate no ha terminado aún, porque las dos escuelas de pensamiento compiten ásperamente. Hemingway fue un mal corresponsal de guerra: cuando la República se derrumbaba en todos los frentes, anunciaba en sus periódicos canadienses su inminente victoria. El corazón le pudo a la cabeza.
Hoy las líneas morales se entre
cruzan. Las guerras son un batiburrillo de violencia y crueldad si es que se le puede llamar guerra a una sarracina como en Irak. Hay pocas guerras entre naciones, son más entre vecinos, entre partidos, ya no hay reglas del juego, tampoco se venden más periódicos, eso quedó en el conflicto de Vietnam, por ejemplo, en el My Lai, de Seymour Hersh. Hoy se utilizan otras vías, el libro reportaje con revelaciones de un político presente; documentales de autor, Michael Moor, etcétera. Y con frecuencia estos choques duran mientras dura el dinero para sufragarlos.
Alguien dijo cuando se reunieron miles de periodistas en el frente de Kosovo que aquello parecía el Tour y no le faltaba razón. Las guerras son ruedas de prensa sucesivas. Peter Arnett se salió de la pista al intentar, como en otros tiempos, contar la guerra secreta de Laos. Hay poco espacio para las exclusivas, si es que queda alguno. Hay cosas del género rearme nuclear de Corea del Norte o Irán, pero merece más la pena ocuparse del cambio climático. La guerra nunca pasará de moda, pero habrá grados. ¿Vuelven las guerras atómicas? ¿Y otra vez con el equilibrio del terror?

La policía interrogó a diez presos de Guantánamo sin vinculación con España

JOSÉ MANUEL ROMERO - Madrid - 16/02/2007 . El país
La "misión diplomática y humanitaria", según el PP, de los policías españoles que viajaron a Guantánamo consistió en interrogatorios a 13 detenidos, de los que al menos 10 no tenían ninguna vinculación con España (un marroquí, dos sirios, dos argelinos, un danés, dos tunecinos, un saudí y un palestino). El PP asegura que los agentes tenían como misión gestionar la entrega de los españoles detenidos en Guantánamo. Pese a ello, los policías españoles decidieron aprovechar su estancia para hacer interrogatorios donde mostraron a los detenidos fotografías y grabaciones de extremistas.
La misión impulsada por el Gobierno de Aznar careció de autorización judicial. Los informes oficiales, a los que ha tenido acceso EL PAÍS, sostienen que el viaje estuvo "en todo momento" organizado por la CIA, que supuestamente tenía "especial interés" en que la policía española, de la que destacaban su trabajo de investigación contra el terrorismo islamista vinculado con el 11-S, pudiera entrevistar a detenidos en Guantánamo.
La base estadounidense, en la que el Gobierno de Bush encerró en condiciones infrahumanas (grilletes en muñecas, pies y cintura y rostros tapados) a 598 personas de 34 nacionalidades distintas, fue calificada por el Tribunal Supremo como "un limbo en la comunidad jurídica de imposible justificación".
En ese lugar, los policías españoles sometieron a 13 detenidos a diversos interrogatorios, en algún caso de hasta siete horas de duración, para sacarles información sobre extremistas radicales en España.
Los agentes llevaron a cabo los interrogatorios en barracones del campamento Delta. Los detenidos llegaban esposados de pies y manos y con cadenas alrededor de la cintura. Los policías españoles decidieron ampliar su trabajo de investigación a presos de Guantánamo sin vinculación aparente con España porque tenían tiempo de sobra. Los interrogados sin relación con España fueron los que siguen:
- Abunasser Mohamed Abdelkalder Kanthumi y su hijo Mohamed Kanthumi (sirios). El padre montó un restaurante en Afganistán y posteriormente se reunió allí con su familia. El hijo llegó poco tiempo después del 11-S. "La consigna de Estados Unidos era que todos los árabes en Afganistán o en Pakistán debían ser puestos a disposición de las autoridades militares", declararon.
- Ahmed Bin Salen Bel Bacha (argelino). Fue reclutado en Londres para hacer la guerra santa. Llego a Afganistán con pasaporte francés falso. "Cuando ocurrió el ataque a las Torres Gemelas salí huyendo hasta Pakistán porque todo el mundo sabía que la guerra estaba cerca". Allí fue detenido. La policía española le enseñó fotografías, pero no identificó a nadie.
- Sais Farhi (argelino). Hizo un recorrido similar a Ahmed Bin Salen. Fue reclutado en la mezquita londinense de Finsberry, donde según declaró a la policía española "acabó convenciéndose de que debía hacer la guerra santa".
- Simon Hadj Abderrahmane (danés). Viajó a Afganistán desde Londres para hacer la yihad. "No reconoció a nadie en fotos".
- Mishan Ben Ali Ben Amorsiedad y Salaha Essiesi (tunecinos). "Ninguno aportó información de interés", señala el informe. Essiesi declaró: "Soy un simple ladrón que actuaba en Italia y Bélgica".
- Jaled Saud Albawardi (saudí). "Muy joven y muy asustado, prácticamente no se atrevió a levantar la cara para mirar las fotos".
- Mohamed Abdullah Taha Muttan (palestino). Estuvo cinco meses en Afganistán antes de ser capturado por las tropas estadounidenses. Al principio se negó a contestar a las preguntas de la misión española porque creía que los policías eran agentes del Mossad. "Tras demostrarle que no era así, se mostró más dispuesto, si bien no reconoció a nadie", señala el informe oficial.

El PP afirma que la misión a Guantánamo fue amparada por Garzón, y el juez lo niega

Después de una jornada de silencio, el PP decidió ayer entrar en el asunto de los policías españoles que realizaron interrogatorios ilegales en Guantánamo, la base de EE UU en la isla de Cuba. Gustavo de Arístegui, portavoz de Exteriores de este partido, señaló que se trataba de misiones diplomáticas, que no hubo interrogatorios y que los policías habían viajado "con el conocimiento del juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón". Éste sostiene que sólo conoció los hechos a posteriori. Mientras, Mariano Rajoy reclamó que sea el actual Gobierno quien explique la actuación del Ejecutivo del PP.
De Arístegui fue el encargado de ofrecer la versión del PP, que sostiene que sólo se pretendía comprobar cuántos ciudadanos españoles había en Guantánamo. "No se trataba de interrogatorios ilegales en ningún caso. No se puede hablar formalmente de interrogatorio policial. En todo momento lo que hubo fue una conversación preguntándoles por su estado de salud, si se les estaba tratando bien. Eso se hacía delante de las autoridades de EE UU, que en ningún momento les abandonaron. Se ha mentido para convertir esto en una polémica política que oculte otros escándalos del Gobierno. España consiguió liberar al talibán español, que era el principal objetivo diplomático", señaló visiblemente molesto.
El PP ha distribuido en su página web un documento en que concluye que "una vez más el Gobierno y sus terminales mediáticas han fracasado en su intento de desviar la atención sobre la auténtica realidad, un Gobierno agotado, sin proyecto y clamorosamente ineficaz".
El argumento principal del PP es que el juez fue informado de ese viaje antes y después. "La parte policial de la visita se hizo siempre con conocimiento del juez instructor de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón. Además, hubo un informe posterior al mismo juez y se pudo comprobar que las mismas informaciones tenían relación directa con algunos de los casos que instruía, como el del 11 de septiembre o el de la Operación Dátil. No hubo secreto en ningún momento", señaló De Arístegui.
Célula española
Garzón asegura, por el contrario, que sólo conoció los interrogatorios cuando los agentes regresaron a España y le contaron que habían visto a varios de los que el juez tenía imputados en el sumario 35/01 sobre la célula española de Al Qaeda. Al tener conocimiento de ello, el juez les pidió un informe de lo que habían visto y de lo que habían hecho allí y les tomó declaración en calidad de testigos.
A la vista del informe, el magistrado sostiene que hizo todo lo posible por sacar de Guantánamo a los españoles que había allí y pidió su extradición. "Guantánamo se regía por un régimen militar, no jurídico, y nadie me contestó nunca sobre la petición de extradición que formulé, porque no había interlocutor jurídico alguno", explicó ayer a EL PAÍS.
"Por tanto, nunca hubo petición de autorización de los policías para ir a Guantánamo, ni hubo autorización, y la información del viaje la tuve a posteriori", declaró Garzón.
"Fueron a buscar información y Bush accedió a que la policía española, ordenada por el Gobierno de Aznar, entrase en Guantánamo, que era una base militar, e interrogase a varios detenidos. Ahora he oído que yo autoricé el viaje. La autorización hay que buscarla en el sumario y en el sumario no hay nada de eso".
El propio Baltasar Garzón, en un auto dictado el 12 de julio de 2004 en relación con el encausamiento del talibán ceutí Hamed Abderrahman Ahmed, constató "las condiciones absolutamente contrarias al ordenamiento jurídico español e internacional en las que se encontraban y se encuentran todas las personas privadas de libertad en aquella base norteamericana".
El PP no sostiene que hubo autorización, que tendría que constar en un documento, pero sí conocimiento del juez. De Arístegui lo aseguró ayer al menos en tres ocasiones en una tensa comparecencia en el Congreso de los Diputados. El diputado popular, que en el momento en que se produjeron los hechos, en julio de 2002, no tenía ninguna responsabilidad en el Gobierno de José María Aznar, insistió en que su partido siempre ha criticado la cárcel de Guantánamo. "El PP siempre ha condenado de manera explícita y rotunda las detenciones ilegales en Guantánamo. Yo mismo, y Ana de Palacio, como ministra de Exteriores, calificamos Guantánamo de agujero negro de los derechos humanos, de limbo jurídico inaceptable y de excusa perfecta para los terroristas. Creemos que la única forma de luchar contra el terrorismo pasa por respetar los derechos fundamentales".
El entonces ministro del Interior, Ángel Acebes, sigue sin dar ningún tipo de explicaciones, a pesar de que los policías, a su regreso a España, elaboraron un informe a través de la Dirección General de la Policía, cuyo máximo responsable era Agustín Díaz de Mera, entonces colaborador directo de Acebes y hoy eurodiputado del PP. El entorno de Acebes alega que acababa de llegar al ministerio, donde relevó a Mariano Rajoy.
El jefe de la oposición, vicepresidente primero de ese Gobierno, que visitaba ayer Jerez, trató de rehusar de nuevo este asunto, informa Ana Huguet, pero finalmente concedió: "Sobre este asunto no sabía una palabra. Lo único que sé es que el Gobierno hizo gestiones para que viniera a España un ciudadano español que estaba en Guantánamo, que vino, fue juzgado y absuelto. Y todo lo demás... Yo creo que lo que debe hacer el ministro del Interior, el ministro de Defensa y el ministro de Exteriores, los que hay ahora, es contar lo que pasó. Quien debe contarlo es el Gobierno porque yo no tengo medio ni conocimiento para averiguar qué es lo que ha ocurrido. Por tanto, yo creo que la obligación de estos tres ministros es comparecer ante la opinión pública y contarnos lo que sepan".
El PP sostiene que todo este asunto está siendo utilizado por el PSOE para tapar su mala gestión. De Arístegui, habitualmente moderado pero ayer totalmente indignado, recuperó incluso a los GAL para atacar a los socialistas: "Nosotros hemos condenado siempre la guerra sucia contra el terror. Son otros los partidos políticos que de forma tácita o expresa lo han apoyado o practicado".

Los policías enviados a Guantánamo ofrecieron ventajas judiciales a los presos que colaboraran

J. M. R. - Madrid - 15/02/2007 . El País
La misión policial española que por orden del Gobierno de José María Aznar se desplazó hasta la base militar estadounidense de Guantánamo para interrogar a detenidos (sólo uno de ellos español) ofreció a los presos, en nombre de un juez español, la posibilidad de mejorar su situación si colaboraban con información sobre radicales extremistas que actuaran en España. Este ofrecimiento, que consta en las actas policiales, no se basaba en ninguna autorización u orden judicial, según indicaron ayer fuentes de la Audiencia Nacional relacionadas con el caso.

Pese a que ningún juez español autorizó el viaje, ni ordenó los interrogatorios, los agentes ofrecieron al marroquí Lahcin Ikassrin la posibilidad de volver a España siempre que se comprometiera a declarar contra determinados islamistas radicales que estaban siendo investigados por su relación con la célula de Abu Dahdah y otras, según explica el informe policial redactado sobre la misión. En algún momento de la estancia de la misión española en Guantánamo se llegó a barajar la posibilidad de que los estadounidenses aceptarán el traslado de Ikassrin a España para declarar en relación con un sumario abierto contra el terrorismo islamista. Pero los diplomáticos que acompañaban a los policías españoles pensaron que, si eso se producía, habría que reclamar también la entrega del ciudadano ceutí detenido en Guantánamo pues no se iba a entender que llegara a España un marroquí detenido en la base estadounidense y siguiera encarcelado un español.
El PP insistió ayer en que la misión era exclusivamente diplomática para conocer la situación del talibán ceutí que estaba detenido en Guantánamo. Pero los informes policiales acreditan que el interés de la misión era mucho más amplia y alcanzaba a 13 presos de la base, a los que se mostraron fotografías de supuestos radicales islamistas que operaban en España para obtener información con la que poder actuar.
Ni siquiera el primer interrogatorio de los policías españoles fue al ciudadano nacido en Ceuta Hamed Abderrahaman Ahmed, sino que los agentes tuvieron más interés y curiosidad por el marroquí Ikasrim, al que durante el primer día interrogaron durante siete horas.
Los interrogatorios de los dos policías españoles que viajaron junto a agentes de la CIA desde Madrid hasta Guantánamo, apenas lograron información relevante en relación con células islamistas terroristas en España.
Y eso que los policías españoles llegaron a preguntar por algún islamista como Jamal Zougam, que hoy se sentará en el banquillo acusado como autor material del atentado del 11-M.
Los interrogatorios de la policía en Guantánamo no sirvieron como prueba en los casos abiertos en España contra el ciudadano ceutí Hamed y el marroquí Ikassrin. La Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo consideraron que los interrogatorios se habían realizado sin las debidas garantías -"sin previa información de derechos, sin asistencia letrada y sin autorización ni mandato de la autoridad judicial española"- y calificaron la base estadounidense de Guantánamo como "un limbo en la comunidad jurídica de imposible justificación".

El Parlamento europeo aprueba el informe que denuncia los abusos de la CIA en Europa

EFE
ESTRASBURGO.- El Parlamento Europeo ha aprobado por una mayoría de más de un centenar de votos el informe que denuncia los abusos de la CIA en la lucha antiterrorista y considera "inverosímil" que ciertos gobiernos europeos no estuviesen al tanto.
El texto, elaborado por el eurodiputado socialista italiano, Giovanni Claudio Fava, fue enmendado para suavizar los reproches a los Gobiernos de Alemania, Rumanía o Polonia y, en su versión final, obtuvo 382 votos a favor, 256 en contra y 74 abstenciones.
En el debate en el pleno de la Eurocámara previo a la votación de su informe de conclusiones, el socialista italiano ha explicado que la investigación parlamentaria ha arrojado luz sobre "cinco años de excesos y abusos en la lucha contra el terrorismo" y demostrado que "los gobiernos europeos lo sabían".
"No se trata de opiniones ni prejuicios, sino de hechos probados y graves", aseguró Fava, que apuntó que los 21 casos de entregas extraordinarias, detención y encarcelamiento extrajudicial de sospechosos de terrorismo, referidos en el informe "son sólo la punta del iceberg".
"Personas inocentes han pasado en Guantánamo más de cinco años simplemente porque ningún gobierno se quería hacer cargo de su situación", denunció. "No podemos mirar para otro lado, como han hecho los gobiernos europeos", añadió Fava, que consideró una "falacia" el argumento de que las prácticas estadounidenses se justifiquen en aras de prevenir atentados terroristas.

Las claves de los vuelos de la CIA

La polémica de los vuelos de la CIA saltó a la prensa en noviembre de 2005. Éstas son las claves:
¿Cómo operaba la CIA? Según los primeros informes aparecidos en la prensa estadounidense, la agencia de inteligencia norteamericana creó después del 11-S una red de cárceles secretas donde enviaba a supuestos sospechosos de terrorismo, detenidos en terceros países sin respetar sus derechos. Los detenidos eran trasladados en los llamados "vuelos de la CIA".
Organizaciones como Human Rights Watch y Amnistía Internacional también han denunciado esta práctica. "La Administración estadounidense ha intentado de muchas formas burlar la prohibición de torturar y maltratar", ha declarado Irene Khan, secretaria general de Amnistía Internacional. "Los últimos indicios muestran cómo manipula acuerdos comerciales para poder transferir a personas violando el Derecho Internacional, y demuestran lo lejos que el Gobierno estadounidense está dispuesto a llegar para ocultar estos secuestros". Servicios de inteligencia de países aliados de Washington también han colaborado en las 'extraordinary renditions' (entregas extraordinarias), como se denomina a los secuestros y encarcelamientos.
¿Qué países están implicados? Un detallado informe del Consejo de Europa ha demostrado la implicación de 14 países europeos en los vuelos. Conforman la lista Polonia y Rumanía, donde "existen serios y crecientes indicios" de que albergaron prisiones secretas. En un segundo grupo, Reino Unido, Suecia, Italia, Macedonia, Alemania, Bosnia-Herzegovina y Turquía, "tuvieron distintos grados de responsabilidad" en el secuestro y traslado de sospechosos. Por último, un tercer grupo de países, donde se encuentran España, Irlanda, Chipre, Grecia y Portugal, mantuvo una "complicidad activa o pasiva" en las 'entregas' ilegales de los sospechosos. Además, en ese informe se aportaron por primera vez los nombres y apellidos de 17 casos de personas detenidas y trasladadas.
El 23 de enero de 2007, el socialista Claudio Fava culminó una investigación encargada por la Eurocámara. En ese documento se recoge que varios gobiernos de países europeos conocían la existencia de los vuelos. Reino Unido, Italia y Polonia se mostraron reticentes a colaborar, y la mayoría de los alrededor de los 1.000 vuelos documentados tomaron tierra en Reino Unido, Alemania e Irlanda.
Para Fava, todos los países de la UE son culpables con "distintos grados de responsabilidad", desde Suecia e Italia, "con niveles altísimos de colaboración con la CIA", hasta el caso de naciones como España, que "por distracción o sometimiento" no vigilaron los aviones estadounidenses.
¿Cómo ha reaccionado Estados Unidos? Ante la avalancha de investigaciones periodísticas y políticas, el presidente de EEUU, George Bush, se vio obligado a reconocer el 7 de septiembre de 2006 la existencia de las cárceles secretas. Sin revelar los países implicados y los métodos empleados, afirmó que "quiero dejar muy claro, ante nuestra gente y ante el mundo, que Estados Unidos no tortura. Va contra nuestras leyes y contra nuestros labores, y yo no lo he autorizado".
"Fue necesario", añadió Bush, "trasladar a esos terroristas a un ambiente en el que pudieran ser mantenidos en secreto, interrogados por expertos y, cuando resultase apropiado, perseguidos por sus actos terroristas".
¿Cuál es el papel de España? Según una lista preliminar elaborada por Claudio Fava, un total de 125 vuelos operados directa o indirectamente por la CIA hicieron escala en 10 aeropuertos españoles entre 2002 y 2005.
Se trata de los de Palma, Tenerife, Valencia, Alicante, Madrid, Barcelona, Málaga, Sevilla, Ibiza y Vigo.
Como ya se conocía, el mayor número de vuelos pasó por el aeropuerto de Palma de Mallorca, con países de destino como Irak, Libia, Djibuti, o Egipto. En segundo lugar se sitúa el de Tenerife, donde hicieron escala vuelos de la CIA que se dirigían a Guantánamo, Libia, Guinea o Ghana.
Un informe anterior del Consejo de Europa afirmaba que fueron varios los vuelos de la CIA que hicieron escala o partieron de suelo español, citando en distintas ocasiones el aeropuerto de Son Sant Joan, en Palma de Mallorca. Además, menciona la capital balear como el lugar donde los equipos de la CIA planeaban las operaciones y descansaban después de ellas.
Amnistía Internacional ha sostenido que en al menos 25 ocasiones se produjeron escalas. Según esta organización, en 14 ocasiones los aviones aterrizaron en Mallorca; en siete en Tenerife; en dos, en Málaga; y en otras dos, en Barcelona.
¿Qué dice el Gobierno español? El ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, compareció ante la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso poco después de destaparse el escándalo, el 24 de noviembre de 2005. Moratinos informó de 22 escalas de presuntos aviones de la CIA en Mallorca, Ibiza y Tenerife entre enero de 2004 y septiembre de 2005. No obstante, dio por buenas las garantías de EEUU de que "en ningún caso se había infringido la legalidad española".
¿Cuál es la posición de la Justicia española? El fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido, no se mostró partidiario de que la Audiencia Nacional investigara la legalidad de los supuestos vuelos, ya que pensaba que eran competencia de un juzgado de Palma. Sin embargo, el juez de la Audiencia Ismael Moreno se ha declarado competente para iniciar las investigaciones. El responsable del informe del Consejo de Europa, el parlamentario suizo Dick Marty, consideró que "la Justicia española está muy activa" en la investigación de las supuestas actividades ilegales de la CIA.
Además, la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso acordó por unanimidad el 5 de abril de 2006 solicitar al Gobierno "la elaboración de un informe detallado (sobre los vuelos de la CIA) en el que incorpore todas las nuevas informaciones en su poder".
Por su parte, Izquierda Unida intervendrá como acusación particular en la investigación de la Audiencia Nacional. La coalición se comprometió a plantear iniciativas parlamentarias para que "el Gobierno deje de ocultar la información de la que dispone" y remita al Congreso el informe sobre los vuelos.

Ex ministros del PP ignoran la misión policial a Guantánamo pese a que existe un informe oficial

El Ministerio del Interior que dirigía en 2002 Ángel Acebes hizo un informe a través de la Dirección General de la Policía, cuyo máximo responsable era Agustín Díaz de Mera, hoy eurodiputado del PP, en el que detallaba el resultado de los interrogatorios que una delegación formada por cuatro policías realizó durante cuatro días (22, 23, 24 y 25 de julio) en la base militar de Guantánamo.
Pese a la existencia de ese documento, que fue remitido a la Audiencia Nacional, y otros más que manejó el Gobierno del PP, los ex ministros aseguraron ayer que desconocían el viaje de policías españoles a Guantánamo a interrogar a cerca de una veintena de detenidos, muchos de ellos sin ninguna relación con España.
Ese informe policial, al que ha tenido acceso EL PAÍS, detalla que el objetivo de la visita de cuatro agentes a Guantánamo, no autorizada por ningún juez español, era recabar "información sobre nuevos elementos radicales islámicos asentados en España, o datos adicionales que pudieran corroborar las pruebas existentes hasta el momento en torno a los miembros de la célula desarticulada en España dirigida por Abu Dahdah".
En la base militar de Guantánamo estaban encarceladas en condiciones infrahumanas 598 personas de 34 nacionalidades. Los presos caminaban por el complejo militar de 117 kilómetros cuadrados con grilletes en muñecas, pies y cintura, con los rostros tapados y envueltos en monos de color naranja.
El Tribunal Supremo consideró la base de Estados Unidos "un limbo en la comunidad jurídica de imposible justificación", y declaró nulos como pruebas judiciales los interrogatorios de los policías españoles a los allí detenidos, dado que se hicieron "sin previa información de derechos, sin asistencia letrada y sin autorización ni mandato de la autoridad judicial española".
El general jefe de la base militar de Guantánamo ofreció una cena a la delegación policial española en la que explicó a los agentes que los detenidos en el campamento no eran prisioneros de guerra sino "combatientes ilegales", según los informes de que dispuso el Gobierno español. Esos mismos informes acreditan que, en algún caso, los interrogatorios de los agentes españoles duraron más de siete horas.
Entre los interrogados por la policía en busca "de nuevos elementos radicales islámicos asentados en España" estaba un ciudadano danés Abderrahman Hadj (registrado en Guantánamo con el número 174) que tras abandonar la base militar llegó a su país donde quedó en libertad sin ningún tipo de cargos.
El presidente del PP, Mariano Rajoy, preguntado por el caso de los policías españoles enviados a Guantánamo, respondió: "Lo desconozco absolutamente. Yo estoy en otras cosas. No estoy ni en Felipe V ni en los suevos ni en lo que pasó en España hace muchos años". Rajoy mezcló este asunto con la memoria histórica para concluir: "En vez de hablar de memoria histórica, yo quiero lanzar un mensaje de futuro. Quiero dedicarme a acometer reformas estructurales y llevar a cabo una política exterior propia de un país civilizado, en vez de seguir hablando de fosas. Oiga, por favor, que éste es un país civilizado, coño".
El portavoz parlamentario del PP, Eduardo Zaplana, que era ministro de Trabajo cuando ocurrieron los hechos, declaró: "No tengo la más mínima información al respecto. Me imagino que acreditarán esa información los responsables de la misma, pero yo desde luego no tengo constancia ni conocimiento de que un hecho de esa naturaleza se haya podido producir, por tanto, nada que decir al respecto. Fíjese si tengo yo temas que ocuparme, le acabo de anunciar infinidad de iniciativas políticas, como para preocuparme de otras cuestiones de las que no tengo ni conocimiento ni certeza, como la que hoy publica EL PAÍS. Por tanto, me voy a limitar a contar lo que he querido contar en esta rueda de prensa. Comprendo su interés, pero usted comprenda que desde el desconocimiento no debo hacer la más mínima valoración sobre esa cuestión".
El ex ministro del Interior y secretario general del PP, Ángel Acebes declinó ayer hacer cualquier comentario, y fuentes cercanas a este dirigente popular recordaron que cuando ocurrieron los hechos acababa de llegar al ministerio. El anterior ministro era el propio Rajoy.
El portavoz del grupo parlamentario Socialista, Diego López Garrido, cargó contra la complicidad del Gobierno de Aznar con el presidente Bush: "Este asunto demuestra que Aznar era el perrito faldero de George W. Bush. Exigimos que Rajoy y Acebes expliquen su actuación. Tienen una responsabilidad política. Resulta gravísimo desde el punto de vista político, jurídico y de gestión. Además, estos interrogatorios dejan claro que entonces había una preocupación en la policía española por el islamismo radical. ¿Por qué se abandonó esa pista? ¿Por qué cuando hubo un atentado el 11 de marzo de 2004 se llevó a los ciudadanos hacia la pista falsa de ETA?".
Pese al interés de los socialistas por aclarar lo ocurrido, López Garrido rechazó que este asunto y el de los vuelos de la CIA que utilizaron aeropuertos españoles para trasladar a presos a cárceles ilegales, ya bajo mandato del PSOE, merezcan una comisión de investigación parlamentaria, como solicita IU-ICV. El portavoz de este grupo parlamentario, Joan Herrera, aseguró que en su opinión los viajes de policías españoles a una cárcel ilegal como Guantánamo para interrogar a detenidos sin una orden judicial "es un delito" y el entonces ministro del Interior, Ángel Acebes, debería hacer frente a su responsabilidad penal.
Para ello pidió a la Fiscalía General que actúe de oficio. El portavoz de ERC, Joan Tardà, también anunció que su grupo hará todo tipo de preguntas en el Congreso para esclarecer lo ocurrido con los policías españoles en la base militar estadounidense de Guantánamo.
El coordinador general de IU, Gaspar Llamazares, remachó: "Esto demuestra que algo muy oscuro había y hay en el acuerdo preferencial que firmó Aznar con el Gobierno de EE UU tras el 11-S, y que decía ser contra el terrorismo. También hay algo oscuro en el convenio bilateral firmado entre España y EE UU que le permite el uso de las bases militares de Morón y Rota como bases para los vuelos de la tortura".
El director de Amnistía Internacional (AI) en España, Esteban Beltrán, reclamó ayer al Gobierno que investigue la supuesta participación de policías españoles en la prisión estadounidense de Guantánamo en el año 2002 para interrogar a presos marroquíes.
Beltrán calificó de "escandaloso" que funcionarios policiales hubieran sometido a interrogatorio sin orden judicial a detenidos en Guantánamo, por lo que reclamó una investigación "imparcial, independiente y rigurosa para esclarecer este asunto", informa Efe.
La dirección del PP catalán tuvo que reprender públicamente a su diputada Montserrat Nebrera -número dos en las elecciones autonómicas- después de que ésta asegurara que si realmente hubo "complicidad" del Gobierno de José María Aznar en los interrogatorios en la base de Guantánamo "habría que condenarla". La semana pasada Nebrera -doctora en Derecho y Filosofía Política- ya irritó a la plana mayor de su partido después de afirmar que, con la recusación del magistrado Pablo Pérez Tremps, el PP había encontrado la "grieta jurídica para alcanzar su objetivo político". La dirección del PP regional matizó que, aunque Nebrera está sometida a la "disciplina" del grupo parlamentario, no expresa "la opinión [oficial] del partido

40 años de 'Cien años de soledad'

CHRISTOPHER Hitchens*
Se ofrece un almuerzo delicioso, para escritores visitantes, en el bello museo naval de la ciudad de Cartagena de Indias, la vieja y amurallada ciudadela que es la perla de la costa colombiana. El motivo ostensible del banquete es una degustación de las delicadezas de Macondo, ese enclave del realismo mágico hecho realidad vívida por obra y gracia de Gabriel García Márquez en sus Cien años de soledad. Una invitación que se podría haber hecho cualquier año, pero es que ahora se cumplen cuatro décadas de la publicación de la novela, y el museo --normalmente cargado de cañones recargados de viejos galeones y de demás material marino-- destina una planta entera a las pinturas y aguafuertes dedicados a recrear las escenas, moradores y personalidades de la historia de García Márquez. Ya que el aventurero inglés sir Francis Drake --o el pirata Drake, como se le conoce mejor por estas latitudes-- hace un par de apariciones en la historia, esta cabe de alguna manera dentro de las flexibles reglas marítimas.Para este lector, el episodio más llamativo en la saga de Macondo es la epidemia de insomnio que afligió a la tribu. Locos con tan poco sueño, y olvidando las palabras fundamentales, los habitantes del pueblo decidieron primero escribir los nombres de las cosas (como cuchillo o vaca) y pegarlos a los objetos que identificaban. Pero después pasaron a un nuevo estadio de vigilia loca, que les hacía olvidar hasta cómo leer... De la manera más bella posible, Cartagena sigue siendo una ciudad que nunca duerme. Hay música a todas horas y varias formas alternativas de empresas privadas. ¿De qué otra manera se podrían conmemorar los 40 años de un libro?García Márquez tiene ahora 79 años, por lo que se ha convocado un concurso para dar con los 39 mejores escritores jóvenes de América Latina, y puede que los resultados se hagan públicos antes de que el viejo Gabo cumpla sus 80. Cuarenta más 39 son 79. Y, por si fuera poco, un tercio de 39 es 13. Mientras algunos en el mundo secular y literario se entretienen con esos sublimes cálculos, decido echar una ojeada a la adyacente catedral de Santa Catalina de Alejandría. Una gran lápida, fechada en enero del 2007, me informa, sentimentalismos aparte, de que esta bella y vieja iglesia ha sido restaurada gracias al combinado buen hacer de Carlos Mattos Barrero e Hyundai Colombia Automotriz. (Drake bombardeó la vieja catedral española con bala y proyectil porque los papistas no le llevaban los lingotes de plata con la rapidez requerida, pero su ira protestante y mercenaria se nos antoja inocente cuando se contrasta con este materialismo práctico.)ELMISMOGarcía Márquez flota por encima e incluso, en cierta manera, más allá, de estas cuitas locales. Todo el mundo te señala con orgullo su bonita casa cerca de las viejas murallas, pero con la misma facilidad se le puede localizar en otros refugios suyos, como por ejemplo en La Habana o en Los Ángeles, y es posible que hoy por hoy sea la única persona viviente que puede aparecer --o quizá digo mejor materializarse-- con igual facilidad en cualquiera de esas dos improbables ciudades. Cartagena casi prefiere en cierta manera ofrecerse como algo más prosaico: como el foco de población más ordenado y normal de Colombia. Puede que los habitantes de Cali y Medellín hayan habitado durante décadas en un narcomundo de tensa vigilia y miedo, y mis amigos en la capital, Bogotá, me cuentan que ha sido solo en esos dos últimos meses del duro régimen del presidente Uribe cuando se han sentido seguros saliendo en coche de la ciudad los fines de semana.Pero en Cartagena se supone que uno ha de poder relajarse y dar un paseo a cualquier hora sin recelos. Como para poder demostrar este punto en exceso --la permanente tendencia de todo Gobierno que se siente inestable--, las fuerzas militares y policiales colombianas se apuestan en cada esquina de la ciudad durante este festival literario anual, adoptando unas posturas un tanto relajadas, pero vigilantes. Incluso una pequeña recepción en la que yo participaba fue ahogada por las evoluciones de un helicóptero ensordecedor. Me enteré después de que el vicepresidente tenía la intención de asistir, y que la pesadilla de la seguridad debería analizarse a la luz del hecho de que, en una fase anterior de su carrera, este hombre había sido invitado obligado y durante tiempo del gran cartelista de la cocaína, Pablo Escobar.REUNÍESTAinformación durante un cóctel que se ofreció en el Palacio de la Inquisición, escenario de muchos y horripilantes dramas (incluida la aparición en la plaza principal y en persona del demonio mismo, antes de ser exitosamente exorcizado), y que ahora alberga el más tierno museo de la tortura de todo el hemisferio. Es bastante evidente que la réplica de la guillotina en el patio no es de los tiempos de la Inquisición, porque la guillotina la inventaron un tiempo más tarde unos opositores franceses al absolutismo clerical, pero debajo de prácticamente todos los instrumentos de sadismo sito en la fe aparece la afirmación (escrita solo en castellano) de que este artículo concretamente nunca llegó a ser utilizado en Cartagena. Un desordenado museo de artefactos virtuales de tortura ficticia, o de autos de fe que podrían haber sido, encierra un algo particularmente colombiano."De hecho --suspiraba un amigo colombiano--, todo el país es un caso típico de lugar lleno de muestras. Tenemos hierro, pero no mucho. Tenemos algunas esmeraldas, pero tampoco tantas. Hay petróleo, pero solo un poco. Tenemos café, pero no el suficiente..." No acabó su definición. Pero Colombia tiene un producto inigualable, tanto por su pureza como por su abundancia, y mientras escribo estas palabras, millones de personas en Occidente estarían bastante dispuestas a pagar mucho dinero por adquirir una pizca de ese polvo mágico. Tiempo ha, los señores de Macondo decretaron que solo los criminales y bandidos podrían participar en el comercio. Nuestros propios políticos, tan inconsistentes con todo lo demás, han sido desde los días de Richard Nixon rendidamente obedientes a esta regla de Macondo.En este precioso lugar que los norteamericanos consideramos, en nuestra arrogancia, un problema en vez de un país, el legado helado y preservado de la guerra contra la droga de Nixon, e incluso del Plan Colombia de Bill Clinton, es bien visible. Intente preguntar cómo es que aquí aún se sigue esa política, a pesar de sus evidentes, repetidos e inevitables fracasos, y por qué se ha permitido envenenar a la sociedad con escuadrones de la muerte, corrupción y pobreza, y le dejarán sin respuesta. Y el motivo es que todos los afectados están tan tintineante y frenéticamente despiertos, y tan enganchados a la anfetamina basura de la tolerancia cero, que se les han olvidado las razones de forma completa, absoluta y maravillosa.
*Periodista.f Distribuido por New York TimesSyndicate.
Traducción de Toni Tobella.

Los agentes investigaron en Guantánamo la pista del fundador de Al Qaeda en España

JOSÉ MARÍA IRUJO - Madrid - 14/02/2007 . El País.
La pista de Mustafa Setmarian, de 48 años, el sirio nacionalizado español que fundó en España la primera célula de Al Qaeda y llegó hasta la cúpula de esta organización en Afganistán, fue uno de los objetivos de la delegación policial que visitó la base estadounidense en Guantánamo, en territorio cubano, del 22 al 25 de julio de 2002. Allí entrevistaron a Abdulrahim Abdelrazak Yanko, Abu Dujana, preso sirio número 489 del campo Delta, "por si podía aportar alguna información sobre los detenidos en España, en especial los de origen sirio", según un informe oficial de la Unidad Central de Información Exterior de la Policía que describe los principales interrogatorios. El preso les confesó que había sido acusado de espía por los talibanes e interrogado por el propio Setmarian en Kabul.
Setmarian fue detenido en Pakistán en octubre de 2005 y entregado a agentes de la CIA que le trasladaron a una prisión secreta, según fuentes paquistaníes. Desde entonces, su paradero, al igual que el de otros detenidos en ese país, es un misterio.
Yanko, de origen kurdo, relató a los policías españoles que tenía problemas con su padre por lo que se fue a vivir a Emiratos Árabes, donde conoció en la universidad a un afgano que trabajaba para la embajada talibán en ese país. Con su ayuda viajó a Afganistán, primero a Peshawar y después a Jalalabad. Allí los talibanes le dijeron que si no se iba con ellos tendría que salir del país, por lo que optó por quedarse y acudir a un campo de entrenamiento terrorista. Cuando llegó a Kabul le trasladaron a una casa de unos árabes, propiedad, dijeron, de Bin Laden.
Tras cinco días de estancia fue enviado al campo de entrenamiento terrorista de Faruk, donde, según su relato, permaneció varias semanas, ya que los propios talibanes le detuvieron y acusaron de ser espía de los norteamericanos.
Formación terrorista
Yanko detalló a la policía en qué consistía la formación terrorista. El primer curso duraba 45 días, se centraba en el aprendizaje del manejo de las armas ligeras, en especial el Kaláshnikov, cómo hacer una guardia y ser un francotirador; el segundo, de tres meses, era de adiestramiento en la lucha en las montañas y emboscadas; el tercero, "una guardia para Al Qaeda", consistía en la protección de personalidades de la organización y vigilancia de edificios.
Según el relato del preso, una vez terminado el tercer curso, el recluta podía ser enviado a Chechenia u otras zonas de conflicto. "Entonces ya eres un miembro de Al Qaeda y nadie puede sospechar de ti ni de tu lealtad a la causa", declaró Yanko a los agentes, encabezados por el entonces inspector Rafael Gómez Menor, el hombre que dirigió las primeras investigaciones sobre la célula de Abu Dahdah, jefe Al Qaeda en España.
Yanko no tuvo tiempo de terminar su formación porque los talibanes le acusaron de espía cuando terminaba el tercer curso. "Fue devuelto a la casa de los árabes en Kabul de donde procedía, pero antes de llegar pasó por las manos de Abu Musab Al Suri (Mustafa Setmarian)", el fundador de la primera célula de Al Qaeda en España, señala el informe policial.
El recluta relató el interrogatorio al que fue sometido en una zona industrial de Kabul, por un tipo que tenía el pelo rojo y era natural de Alepo (Siria), datos que coinciden con Mustafa Setmarian. "Quería que identificara a otros posibles espías americanos", dijo el preso de Guantánamo. Según Yanko, Setmarian era una persona "muy respetada" y los que vivían en la casa de árabes le pagaban para que les entrenara con explosivos. Entrenaba a los muyahidin que venían de Europa. El preso en Guantánamo facilitó un cuadro de los principales dirigentes de Al Qaeda, entre los que colocó en tercer lugar a Setmarian, cuya mujer es española. La policía también consiguió información de otros dos detenidos en Guantánamo. Uno de ellos es Hamed Abderramán Ahmed, Hmido, ceutí de 34 años, detenido por las tropas de EE UU en Pakistán, preso en Guantánamo y extraditado a España donde fue juzgado y absuelto. Viajó a Afganistán por la influencia que ejerció en él un tal Abu Naiz, al que había conocido en la mezquita Sidi en Barek en Ceuta, según explicó.
El talibán ceutí viajó a Afganistán en agosto de 2001. El nombre de Abu Mundir fue un salvoconducto con el que llegó hasta Kandahar donde fue conducido hasta un campamento de entrenamiento donde se formaban 15 jóvenes, la mayor parte marroquíes y argelinos. Recibieron entrenamiento básico, 10 disparos diarios, "con Kaláshnikov y pistolas, nunca con granadas ni explosivos".
Los policías mostraron también a Hamed fotografías de miembros de la célula de Abu Dahdah. En el juicio celebrado en la Audiencia Nacional, Hamed negó todos los extremos de su declaración que la policía aportó al tribunal como prueba. El tribunal la invalidó por haber sido obtenida en Guantánamo sin ninguna garantía judicial.
Un taxi y un Kaláshnikov
Lahcen Ikassrien, de 39 años, natural de Marruecos y residente en España, relató que se marchó a Afganistán porque tenía problemas con su mujer y para "huir de los servicios secretos marroquíes" que le habían pedido colaboración cuando trabajaba en El Ejido (Almería). De su estancia en Afganistán facilitó pocos detalles salvó que se compró un taxi y un Kaláshnikov "para su propia seguridad".
La policía comunicó a Lachen "que estaban autorizados por la autoridad judicial" para proponerle que se acogiera a la figura de testigo protegido si daba información sobre Abu Dahdah, cuyo juicio todavía no se había celebrado. Incluso le dijeron que si aceptaba, el juez "le tomaría declaración en el lugar donde se encontraba" para después ser reclamado a EE UU. El preso contestó que sólo colaboraría si le conducían a España. Ikassrien fue extraditado y juzgado en España. La Audiencia le absolvió y anularon las pruebas obtenidas por la policía durante el interrogatorio en Guantánamo
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Animal número 64

JOSÉ MARÍA IRUJO 19/11/2006 . El País
Duermes bien? ¿Qué piensas durante la noche?
El psiquiatra norteamericano de rasgos orientales que interrogaba en la prisión de Guantánamo (Cuba) a Lahcen Ikassrien, un marroquí que vivió en Madrid durante 13 años, permaneció callado unos segundos, rió y respondió al preso: "Yo hablo el idioma de las mariposas".
Según Lahcen, aquel hombre extraño que le visitó en Camp Five (uno de los centros de internamiento de presuntos yihadistas) cuando llevaba recluido más de tres años, sólo quería saber "si ya me había vuelto loco". "Y yo le seguí el juego", dice ahora sentado en un bar árabe, en el barrio madrileño de Lavapiés, donde exhibe sus heridas de guerra en Afganistán y la reciente sentencia absolutoria de la Audiencia Nacional tras ser extraditado por EE UU a petición del juez Baltasar Garzón. La fiscalía le acusaba de pertenencia a Al Qaeda.
A Lahcen Ikassrien, de 39 años, natural de Alhucemas -un hombre moreno, de estatura media, fuerte y corpulento-, no le hablaron en Guantánamo ni en Afganistán en el lenguaje de las mariposas. La primera sesión de tortura fue en la prisión afgana levantada en el aeropuerto de Kandahar. Allí comprendió que iba camino del infierno cuando, aturdido y asustado, vio la pulsera de plástico que un soldado norteamericano le colocó en su mano derecha: "Animal número 64".
Era diciembre de 2001 y las tropas especiales de EE UU y sus aliados de la Alianza del Norte combatían contra Osama Bin Laden y el ejército talibán semanas después del 11-S. "La noche anterior me llevaron a una tienda de campaña donde decían que había médicos. Me metieron el dedo por el ano porque buscaban explosivos y me tiraron desnudo a un cerco rodeado de espinos. Me dieron un mono azul y me condujeron a un búnker, donde, atado a una caja para que no me moviera, varios encapuchados me arrojaron cubos de mierda, pis y agua helada. Antes me habían grabado en vídeo desnudo".
Ikassrien no estaba en Afganistán por casualidad. Viajó allí desde Madrid tras separarse de su mujer marroquí y parecía fascinado por el gobierno talibán: "Quería saber cómo se vivía allí, si era verdad lo que se decía de los talibanes. Para mí, talibán era sinónimo de musulmán, de buen musulmán". Lahcen se movía en los círculos radicales de Lavapiés, y frecuentaba el bar La Alhambra y las mezquitas de ese barrio, según testimonios de personas que dicen conocerle. Trabajó como jardinero, cocinero y en la construcción en Villalba, Getafe y Leganés hasta que fue detenido y condenado a tres años de prisión por tráfico de hachís, pena que cumplió en Valdemoro.
Su viaje hasta el feudo talibán no fue fácil. En noviembre de 2000 fue detenido y expulsado de Estambul (Turquía), donde permaneció dos meses. "Viajé hasta Irán en autobús y entré en Afganistán por Herat a bordo de un taxi. Me interrogaron en una comisaría durante seis horas. Querían saberlo todo. Adónde iba y qué quería hacer. Aquella gente no se fiaba de nadie. Yo les dije que venía de Europa a vivir como los verdaderos musulmanes. Me mandaron a Kunduz, cerca de Mazar-i-Sharif, y allí compré un taxi y una carnicería, que me regentaban dos afganos. Yo no podía hacerlo porque no entendía ni pastún, ni árabe".
Lahcen asegura que no se entrenó en ningún campo de Al Qaeda, como sospecha y no pudo probar la policía española, y sostiene que no fue captado como muyahidin por Imad Eddin Barakat, Abu Dahdah, uno de los jefes en España de esa organización terrorista. La sentencia que le ha absuelto destaca que tampoco se ha probado la relación entre ambos. Él reitera que no peleó junto a los talibanes.
El marroquí relata así su captura en Afganistán: "Los aviones norteamericanos daban vueltas por Kunduz, y los habitantes del pueblo salieron huyendo en camiones en dirección a Mazar-i-Sharif. Yo iba en uno de esos camiones. Las fuerzas de Dostum [el general uzbeko Abdul Rashid Dostum] nos pararon allí, y a los hombres nos ataron con las manos atrás. Luego nos llevaron a la prisión de Qila-i-Jhangi".
En la fortaleza de Qila-i-Jhangi, a las afueras de Mazar-i-Sharif, se produjo uno de los episodios más trágicos de la invasión norteamericana a Afganistán: la rebelión de mercenarios extranjeros talibanes que acabó en una terrible masacre de 600 presos denunciada por Mary Robinson, la alta comisaria para Derechos Humanos de la ONU.
Lahcen tuvo suerte y fue uno de los escasos sobrevivientes, aunque el impacto de un misil lanzado por un avión norteamericano le reventó un brazo y una mano. "Mi grupo estaba en un fosa bajo tierra y nos echaban gasolina. Muchos murieron abrasados. Luego las tropas de Dostum echaron agua y llegué a tenerla a la altura del cuello. Fue horrible. Salí vivo de milagro". En la fortaleza de Quila-i-Jhangi se encontraron los cadáveres de algunos presos con las manos atadas a la espalda. Lahcen también permaneció allí maniatado.
Las fuerzas de Dostum y los norteamericanos metieron a todos los sobrevivientes del motín en un contenedor y los condujeron a otra prisión en Mazar-i-Sharif donde había paquistaníes y árabes sospechosos de apoyar a Al Qaeda. Allí conoció Lahcen a los musulmanes británicos que han protagonizado la película Camino a Guantánamo. "Era un patio al aire libre. Estábamos centenares de personas. No había servicios, y cagábamos y meábamos los unos al lado de los otros. No comimos nada durante cinco días y al sexto nos trajeron un plato de arroz para compartir. Voluntarios de Cruz Roja nos visitaban y decían que nos llevarían a casa".
"¿Para qué has venido a Afganistán?", le preguntaron una y otra vez los soldados norteamericanos a Lahcen en una casa próxima a la prisión donde unos supuestos médicos del ejército de EE UU curaron sus heridas. "Me ponían una pistola en la cabeza y me daban con la culata cuando me negaba a contestar. En aquella prisión estuve varias semanas, y me enteré por la gente de la Cruz Roja de que los hombres de Dostum me habían vendido por 75.000 dólares. Les dijeron que yo era un importante terrorista. Y los norteamericanos les pagaban con dólares falsos. Una noche me sacaron del patio con otras 15 personas, nos metieron desnudos en un camión y nos llevaron en avión al aeropuerto de Kandahar. Allí descubrí, por aquella pulsera, que para esa gente yo era el 'animal 64". Según la policía española, Lahcen manifestó a los norteamericanos que su nombre era Reswan Abdulsalam y que era español.
Las sesiones de tortura en la prisión de Kandahar duraron un mes (era enero 2002), y el marroquí oyó centenares de veces la misma pregunta: "¿A qué has venido a Afganistán?". "Allí un día parecía un año. Me quemaron con cigarrillos en las piernas, me pegaron culatazos en la cabeza, y repetían una y otra vez que una persona como yo no tenía derecho a vivir. El 29 de diciembre, la Cruz Roja le registró como detenido en Mazar-i-Sharif y residente en España".
En Kandahar, los presos dormían en grandes tiendas de campaña, y por la noche los soldados norteamericanos entraban con focos y elegían a los que iban a trasladar a Guantánamo. Una noche, posiblemente la del 6 de febrero, le tocó el turno a Lahcen. "Me tiraron al suelo con los perros, me pusieron las rodillas encima y me ataron con cuerdas mientras uno grababa en vídeo. En otra tienda me cortaron el pelo, me echaron unos polvos amarillos desinfectantes y me vistieron con un mono blanco. En el avión íbamos una docena, todos encapuchados, en el suelo y atados con cadenas de pies y manos. El viaje fue largo, y nos hicimos nuestras necesidades porque no nos permitían ir al baño. No sabíamos adónde ibamos. Llegamos a Guantánamo a mediodía".
Lahcen tardó seis meses en descubrir que estaba en una base militar de EE UU en la isla de Cuba. Cada preso tenía una percepción distinta: unos creían que estaban en África y muchos otros en Asia. Al llegar atravesó de rodillas y encapuchado un suelo de piedras cortantes que impedía correr y le condujeron hasta la enfermería, donde le curaron sus heridas. La báscula marcó 55 kilos, 23 menos que cuando fue detenido en Afganistán. "Mi brazo tenía gangrena, y, al igual que en Kandahar, me dieron un papel para que lo firmara y autorizara la amputación. Un voluntario de Cruz Roja me aconsejó que no lo hiciera, pensaba que se podía salvar, y gracias a él lo conservo". Le cambiaron el mono blanco por uno naranja, le quitaron la pulsera de "animal 64" y le ficharon con el número 72. "¡Qué guapo estás con ese traje!', me dijo la responsable de la enfermería mientras todos se reían".
El hospital de Guantánamo es un tienda de campaña, según la describe Lahcen, y allí permaneció unos tres meses sentado en una silla de tijera y atado de pies y manos en compañía de otros 20 presos, en su mayoría árabes, afganos y paquistaníes. Todos capturados en Afganistán, todos sospechosos de terrorismo. "Los soldados entraban en la enfermería con los perros, que nos ladraban enloquecidos. Hicimos una huelga de hambre para que no entraran más".
Hacia el mes de mayo, el marroquí recibió allí la primera visita de una delegación española, un diplomático de la Embajada en Washington y policías dirigidos por Rafael Gómez Menor, entonces uno de los jefes de la Unidad Central de Información Exterior, la que llevaba años investigando a la célula del sirio Abu Dahdah. Con autorización de Estados Unidos interrogaron a Lahcen; a Hamed Abderramán, Hmido, un ceutí detenido también en Afganistán, y a otros presos supuestamente vinculados con actividades en España.
"Me pidieron permiso para grabar el interrogatorio y les dije que hicieran lo que quisieran. Les conté mi verdad, pero ellos querían que les dijera que era un terrorista y que me entrené en Afganistán, algo que no era verdad". Los días 22, 23, 24 y 25 de julio, los policías españoles volvieron a interrogarle y a mostrarle fotografías de radicales marroquíes como Amer el Azizi, hoy huido; Jamal Zougam, uno de los presuntos autores del 11-M al que entonces ya vigilaban, y del tuerto Salahedin Benyaich, Abu Mughen, ex muyahidin en Bosnia y ahora preso en Marruecos por el atentado de Casablanca.
Según Lahcen, a partir de aquellas visitas los norteamericanos le empezaron a tratar peor, y las torturas y amenazas se sucedieron. "Decían que, según los informes de los españoles, yo era un traficante de droga internacional y que financiaba la yihad dentro y fuera de España".
El preso salió del hospital encapuchado y fue trasladado en una camioneta al Campo Delta. Su nuevo hogar era un contenedor de chapa de un metro y medio de ancho por dos de largo, con un lavabo y una cama sin colchón. Había una luz intensa que impedía dormir y el agua escaseaba. Unos agujeros en la pared le permitían ver y charlar con su compañero de celda. El calor era insoportable y vestía sólo su pantalón corto de color naranja.
"¿Quién es éste? ¿Conoces a este grupo?". Los interrogatorios en el Campo Delta se celebraban en una sala especial, y recordaron al marroquí su experiencia en Kandahar. Le mostraron cientos de fotografías de yihadistas y hablaron de decenas de grupos próximos a Al Qaeda. "Venían a la celda, echaban un spray que te hacía llorar, te dabas la vuelta, te ponías de rodillas con las manos entrelazadas en la cabeza, y te ataban pies y manos con cadenas. Te conducían a una sala con las paredes de plástico, y allí te dejaban horas solo. Horas de angustia esperando a que llegaran. Ponían ventiladores para que te helaras de frío".
La siguiente visita de los policias españoles se produjo unos siete meses después. Lahcen cree que fue a principios de 2003. De nuevo, varios agentes encabezados por el mismo comisario y un miembro de la Embajada. El preso escuchó en un radiocasete una serie de conversaciones intervenidas por la policía a Abu Dahdad en las que hablaba con un tal Hassan que supuestamente era él. Pero negó que esa voz fuera la suya. "Me ofrecieron convertirme en testigo protegido. Decían que me darían dinero, trabajo y casa si colaboraba. Me ofrecieron hablar con mi madre a la mañana siguiente. Les dije que sí, hacia tres años que no sabía nada de ella".
Según el relato de Lahcen, al día siguiente un capitán y un intérprete le facilitaron llamar a su madre a Alhucemas delante de los policías españoles: "Puedes hablar dos minutos. Dile que estás bien y vivo, pero no digas dónde estás". "Les respondí que si no podía decirle a mi madre dónde estaba, no aceptaba la llamada, y se fueron enfadados. Luego volvieron los norteamericanos y me dieron una paliza. Me desnudaron y echaron a un contenedor donde había ratas. Estuve tres días solo, desnudo, sin comida ni agua. Como un animal. Vinieron los de la Cruz Roja a visitarme y me preguntaron por qué estaba allí".
Aunque la policía señala en un informe presentado en el juicio que no volvieron a verle en Guantánamo, Lahcen asegura que los agentes regresaron en junio o julio de 2003. "Vinieron con más fotos. Les dije que era marroquí y que no tenían derecho a interrogarme. Ellos respondían que querían ayudarme. 'Cada vez que venis me torturan los americanos', les reproché". También fue interrogado por agentes marroquíes.
Como en otras ocasiones cuando la policía española dejó Guantánamo, los norteamericanos torturaron a Lahcen pidiéndole que reconociera a algunas personas. "De nuevo estuve varios días desnudo y sin comida. Vino una interrogadora que decía llamarse Ana y empezó a enseñarme más fotos. Yo me negué a contestar. Trajeron perros negros con bozal, me pusieron una capucha y los animales ladraban y me golpeaban con sus patas. Sólo sentía los empujones, no sabía si estaban o no sueltos. Mis compañero oían todo y golpeaban con sus puños en las celdas".
La última visita de los policías españoles se produjo después del 11-M, en 2004, cuando José Luis Rodríguez Zapatero ya había anunciado el regreso de las tropas de Irak. "Vino Ana en una actitud distinta y me dijo que aquella gente [los agentes españoles] sólo quería vengarse de mí, que me daba la oportunidad de agredirles durante la entrevista. Me di cuenta de que me querían utilizar. Cuando llegaron me dejaron libre, sin esposas y cadenas atadas al suelo. Querían que yo les atacara... Cuando se fueron, Ana me reprochó mi actitud, y yo le contesté: '¿Estoy aquí por el 11-S o para pegar a los españoles?".
Lahcen terminó su estancia en Guantánamo en Camp Five, adonde fue trasladado encapuchado hacia julio de 2004. Allí recibió la visita del psiquiatra de aspecto oriental que decía hablar el lenguaje de las mariposas, en el que nadie se comunicó con el preso marroquí. "Te decían: 'Si no colaboras estarás aquí toda la vida'. Para comer, un trozo de pan y un poco de cebolla. Aquello era el infierno. No se oían ruidos, no sabías si era de día o de noche".
Una de esas noches, "animal 64" fue conducido hasta la enfermería, donde le hicieron una revisión y le leyeron un documento en árabe en el que se decía que el Gobierno de EE UU no tenía nada contra él, pero que si se relacionaba con Al Qaeda tenían derecho a llevarle de nuevo a Guantánamo. "Querían que lo firmara, pero me negué".
Lahcen fue conducido encapuchado a un avión que le trasladó a la base militar de Torrejón de Ardoz, adonde llegó el 18 de julio de 2005 rodeado de soldados. Hasta su reciente juicio, donde los interrogatorios de Guantánamo han sido anulados, ha permanecido preso en Soto del Real y Palencia. Ahora deambula libre sin documentación ni trabajo. "¿Sabe usted de algo? Mi pasaporte marroquí y 4.000 dólares se los quedaron los norteamericanos".

El Irak post Saddam: una amenaza creciente para Oriente Medio

El Irak de Saddam Husein supuso una amenaza para la paz y la seguridad de Oriente Medio. La actitud de los dirigentes iraquíes de la época fue expansionista, agresiva y revisionista, tanto dentro como fuera de sus fronteras. De sus vecinos sólo dos (Jordania y Turquía) se salvaron de sus ataques directos e indirectos. Durante sus 24 años en el poder, Saddam atacó a todos aquellos que se oponían a su régimen: reprimió a las poblaciones iraquíes del norte (kurdos) y del sur (chiíes), pero también a muchos sunníes disidentes, incluso de su propio clan y de su mismo partido; asesinó a clérigos sunníes y chiíes; y atacó a su vecino del este (Irán), a los dos del sur (Kuwait y Arabia Saudí) y al vecino más alejado del oeste (Israel). A pesar de gobernar utilizando el terror contra la población, a lo largo de la década de 1980 Saddam recibió el apoyo de Occidente para contener las ambiciones exportadoras de la Revolución Islámica iraní, aunque en 1991 fue expulsado por la fuerza de Kuwait tras su ocupación. Sus decisiones e impericia política trajeron sufrimiento a su pueblo y ahondaron los sentimientos de frustración entre las poblaciones árabes.

La ocupación del país y el cambio de régimen en 2003 no parecen haber eliminado el peligro que representaba para la región. En lugar de convertirse en un Estado estable, ejemplo de democracia y país aliado de EEUU, como previeron los neoconservadores, Irak es hoy un Estado cuasi fallido, máximo exponente regional de inestabilidad interna, foco del radicalismo etnorreligioso y terreno fértil para el avance de grupos violentos y terroristas. La ruptura de los equilibrios de fuerzas, tanto internos como regionales, no está dando paso a un nuevo orden más estable y constructivo en Oriente Medio. Las potencias internacionales y los actores regionales deben actuar con urgencia para evitar ser arrastrados a una situación incierta de consecuencias no todas predecibles.

Sectarismo y nuevo desorden regional
Desde la ocupación militar de Irak en 2003, el país se está perfilando, directa o indirectamente, como una fuente de nuevas amenazas no sólo para Oriente Medio, sino para el propio sistema internacional. La invasión de Irak produjo división entre las potencias internacionales por la actitud unilateralista y al margen de la legalidad internacional de los promotores de la guerra. Cuatro años más tarde, y ante el fracaso inocultable de la doctrina neoconservadora, Irak se ha convertido en un factor de división aun más grave. En el frente interno, las fracturas étnicas, sectarias y tribales, exacerbadas por el vacío de poder dejado tras la eliminación del régimen baazista, están produciendo una implosión del país. Irak hoy ha dejado de ser un Estado, al menos tal como se conocía desde su independencia. Las instituciones estatales se encuentran gravemente debilitadas como consecuencia de más de una década de sanciones internacionales, de los atropellos cometidos por el régimen dictatorial de Saddam Husein y del colapso causado por las decisiones de las fuerzas de ocupación.

En el frente regional, el cambio de régimen en Bagdad ha alterado seriamente los equilibrios de fuerzas en Oriente Medio. La posición estratégica de todos los actores regionales ha cambiado. Éstos libran en la actualidad una lucha para proteger sus intereses, evitar amenazas potenciales, disuadir a sus enemigos y aumentar su capacidad de influencia en la nueva configuración de fuerzas que se está fraguando. La consecuencia más inmediata de la ruptura de los equilibrios regionales que produjo la ocupación de Irak ha sido el aumento de la influencia de Irán en Oriente Medio, como era de esperar en un escenario que no fuera el óptimo para EEUU. Dado que el principal factor de cohesión interna en Irán es la pertenencia de la práctica totalidad de la población persa a la rama chií del islam, el auge del chiísmo como fuerza etnorreligiosa está generando efectos reactivos en el resto de Oriente Medio, cuya población pertenece mayoritariamente a la rama sunní.

En Irak, los conflictos etnorreligiosos son, ante todo, el reflejo de la competición por el reparto de poder, la distribución de los ingresos del petróleo y la capacidad de influencia en un país cada vez más federal. Muchos ciudadanos y colectivos que, durante décadas, convivieron en paz, ahora viven sumidos en la desconfianza mutua y, en los casos más extremos, en el odio y el deseo de venganza. A los centenares de muertes violentas que se producen cada semana en Irak hay que sumar las campañas de intimidación a gran escala que están teniendo consecuencias propias de una limpieza étnica. Las instituciones iraquíes se están mostrando incapaces de proteger a la población y garantizarle los servicios que necesita. La nueva policía y el Ministerio del Interior se han convertido, en la práctica, en una extensión de las milicias armadas y de una clase política que antepone sus beneficios personales y sectarios a corto plazo a los intereses nacionales más duraderos. Los sunníes acusan al Gobierno de Nuri al-Maliki de ser un instrumento a disposición de las milicias chiíes, concretamente del Ejército de al-Mahdi que lidera el clérigo anti-estadounidense Muqtada al-Sadr, así como de Irán. Las declaraciones hechas por al-Maliki a Il Corriere della Sera el pasado 18 de enero, en las que afirmaba que Bush parece haber “perdido el control de la situación”, reflejan un distanciamiento entre los Gobiernos de Washington y Bagdad.

La escenificación sectaria y vengativa de la ejecución de Saddam Husein vino a confirmar la visión de que el nuevo Irak no se está construyendo sobre las bases de un Estado de Derecho. El momento elegido para la ejecución: el primer día de la Fiesta del Sacrificio, en plena peregrinación a La Meca y horas antes de que se celebrara la boda del hijo del primer ministro, al-Maliki, tampoco indican que su Gobierno se haya marcado la reconciliación nacional como uno de sus principales objetivos. Las provocaciones y arengas sectarias de varios asistentes a la ejecución y la posterior difusión extraoficial de imágenes del ahorcamiento confirmaron para muchos el carácter sectario y sañudo de los nuevos gobernantes iraquíes. Esas circunstancias, junto a la actitud desafiante de Saddam ante la horca, lo han convertido en mártir a los ojos de numerosos habitantes de la región, máxime cuando Israel e Irán coincidieron en mostrar su alegría por la ejecución.

Irak está siendo un laboratorio de un fenómeno de desintegración que podría resultar catastrófico de extenderse al conjunto de la región. Ante la extensión de la violencia y la inseguridad por amplias zonas del país, muchas personas se ven forzadas a buscar refugio y apoyo mediante el recurso a sus identidades más primordiales (étnicas, confesionales, tribales, etc.) como factor de cohesión y solidaridad dentro de su grupo. El aumento de la inseguridad, inestabilidad e impredecibilidad en distintos puntos de Oriente Medio está convirtiendo al factor “identitario” en una de las bases sobre las que podría asentarse el equilibrio de fuerzas en el nuevo Oriente Medio. Como se está demostrando en Irak, el factor “identitario” puede desembocar en el uso de la violencia sectaria extrema, tanto para imponerse a las minorías como para resistir frente a las mayorías. La combinación de ambos usos tiene como resultado que los conflictos acaban adquiriendo unas dinámicas propias, por las que no requieren necesariamente de la intervención exterior para perpetuarse.

No pocos se han referido a la “libanización de Irak” a raíz de las divisiones y enfrentamientos sectarios. A pesar de las comparaciones con la Guerra Civil libanesa (1975-1990), la capacidad exportadora de la desestabilización interna que está viviendo Irak es de una magnitud muy superior debido, entre otros factores, a su valor estratégico y su condición de productor de petróleo, así como las dimensiones internacionales que ha adquirido el conflicto, todo esto en un contexto de un clima regional de alta volatilidad. En el propio Líbano se ha vuelto a encender la mecha del enfrentamiento civil y en los territorios palestinos se libra una lucha armada –fomentada desde el exterior, a pesar de la reciente tregua– entre las facciones que compiten por el control de la maltrecha Autoridad Palestina. Un elemento adicional a tener en cuenta que no existía durante la Guerra Civil libanesa es el movimiento yihadista, cuya amenaza tiene un alcance global y que se ve fortalecido en situaciones de crisis y falta de orden.

Violencia y revisión del statu quo
Ante el avance del poder chií en Oriente Medio, se corre el riesgo de que algunos países sunníes (principalmente Arabia Saudí) apoyen sin reservas a los insurgentes correligionarios en Irak, lo que desembocaría en una nueva guerra por delegación (proxy war), esta vez entre Irán y Arabia Saudí, en suelo iraquí. El hecho de que ese posible conflicto se produzca a partir de líneas divisorias etnorreligiosas debe ser motivo de preocupación para los países que tienen unas importantes minorías chiíes, como es el caso de Kuwait, Arabia Saudí (el 75% de la población de la Provincia Oriental, rica en petróleo) y Bahrein, cuya población es mayoritariamente chií. Las repercusiones también se pueden extender a otras sociedades con diversidad confesional, como Líbano, Siria, Jordania y Egipto. Asimismo, las aspiraciones étnicas surgidas a raíz del aumento del poder kurdo en Irak están alentando el activismo de las poblaciones kurdas de Turquía, Siria e Irán, lo que podría enfrentarlas con los poderes centrales.

La amenaza de las tensiones sectarias que podían surgir a raíz de la invasión de Irak ya había sido advertida por el rey Abdalá II de Jordania, cuando a finales de 2004 alertó sobre la formación de un “creciente chií” en Oriente Medio, que se extendería desde Teherán hasta Beirut. Los discursos incendiarios y populistas del presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, y su instrumentalización de la causa palestina han hecho saltar las voces de alarma sobre las ambiciones iraníes de hegemonía regional. El recurso al factor etnorreligioso amenaza con el posible surgimiento de un “petrolistán” chií, cuyo centro sería Irán, y que se extendería por la Provincia Oriental de Arabia Saudí, Bahrein y el sur de Irak.

La Administración estadounidense, enfrentada a dificultades crecientes en Oriente Medio, parece tentada a apoyar a sus aliados locales para que se enfrenten por la fuerza a sus oponentes políticos (al presidente palestino frente al Gobierno de Hamas, al primer ministro libanés frente a Hezbolá y, si se consigue, al primer ministro iraquí frente al Movimiento Sadrista), sin favorecer al mismo tiempo soluciones a los problemas políticos (negociaciones de paz, reformas constitucionales pactadas, etc.). Estos apoyos podrían perpetuar enfrentamientos civiles en los que todas las partes pierden, así como abrir la puerta a otros actores regionales para intervenir a favor de grupos “revisionistas”. Algunos observadores árabes han ido más allá al avisar sobre un posible plan para sustituir el enfrentamiento árabe-israelí por un enfrentamiento árabe-persa o sunní-chií como forma de crear un nuevo equilibrio regional que evite el surgimiento de competidores para Israel.

Sin embargo, sería un error explicar las alianzas regionales en clave únicamente “identitaria”. En los últimos tiempos han surgido alianzas coyunturales entre sectores revisionistas pertenecientes a distintos grupos etnorreligiosos: en Líbano, el general Aoun (cristiano maronita) se ha aliado con Hezbolá (chií) para derribar al Gobierno encabezado por Siniora (sunní). En los territorios palestinos, el Gobierno dirigido por el Movimiento de Resistencia Islámica, Hamas (sunní, surgido de los Hermanos Musulmanes) cuenta con las simpatías del Gobierno iraní de Mahmud Ahmadineyad (chií), al tiempo que los Hermanos Musulmanes de Jordania y Egipto condenan las injerencias desestabilizadoras iraníes en Irak. Mientras tanto, en el frente palestino, tanto Israel como Irán tienen interés en crear un clima que fomente el enfrentamiento civil. Para Israel, los choques entre palestinos los hace aun más débiles y retrasa la reanudación de las negociaciones de paz. Para Irán, su capacidad de influir en los conflictos de Líbano, Irak y Palestina lo eleva a la categoría de fuerza regional con la que hay que contar para negociar soluciones. Si algo queda claro en el complejo escenario medio-oriental es que todos los conflictos están interconectados entre sí y que las explicaciones simplistas de poco sirven para comprender las dinámicas de la región.

El secretario general de la Liga de los Estados Árabes, Amr Moussa, ya advirtió en septiembre de 2002 que la invasión de Irak “abriría las puertas del infierno” en Oriente Medio. Los hechos no demuestran que su pronóstico fuera desatinado. En el reciente Foro Económico Mundial de Davos, Moussa volvió a advertir que, “si fuera a haber una guerra [de EEUU contra Irán], otros genios saldrían de la botella. No se puede imaginar el impacto en los países del Golfo y en el Mediterráneo”. Se corre el riesgo de difundir la violencia sectaria a través de Oriente Medio y que eso fortalezca a los movimientos yihadistas de carácter transnacional, lo que no contribuiría a “drenar los pantanos” que alimentan el radicalismo.

Metástasis del yihadismo
Irak se ha convertido en polo de atracción y campo de batalla para unos yihadistas que desean remodelar Oriente Medio y creen contar con posibilidades de infligir una derrota militar, política y moral a la superpotencia estadounidense. Haber hecho de Irak un elemento central de la llamada guerra global contra el terror de la Casa Blanca, a pesar de la inexistencia de lazos entre el régimen baazista y al-Qaeda, parece haberse convertido en una profecía autocumplida. Según diferentes informes de agencias federales estadounidenses, como el National Intelligence Estimate, la guerra de Irak ha creado un terreno fértil para el reclutamiento y la formación de terroristas yihadistas, al tiempo que les proporciona una oportunidad para perfeccionar sus tácticas, vías de comunicación y discurso ideológico.

La insistencia en el carácter etnorreligioso de los conflictos regionales y la inminente amenaza chií está movilizando a los yihadistas sunníes para ir a luchar a Irak contra la injerencia de los “apóstatas safavíes” procedentes de Irán y en apoyo de la población sunní árabe. Esto puede suponer un respiro para las tropas estadounidenses a corto plazo, pero no hay que olvidar que entre los objetivos de al-Qaeda está derribar al régimen saudí, así como a otros gobernantes árabes aliados de EEUU. Todo lo que sea reforzar el papel de los sectores radicales para que luchen contra enemigos de Occidente puede acabar pasando una factura muy alta. El apoyo occidental y árabe a los Talibán y a al-Qaeda en su lucha contra la ocupación soviética de Afganistán, así como el apoyo israelí a la creación de Hamas en la década de 1980 como contrapeso a la OLP deberían servir de lección sobre la peligrosidad de esas prácticas a largo plazo.

El terrorismo que se está generando en Irak no conoce líneas rojas y está afectando, en mayor o menor medida, a las poblaciones árabes sunníes y chiíes, pero también a las kurdas, turcomanas, asirias, caldeas, etc. El peligro para los países vecinos –e incluso para países más alejados, como los europeos– es que, con el paso del tiempo, algunos combatientes con experiencia adquirida en Irak como miembros de grupos armados y guerrillas urbanas trasladen sus actividades fuera de ese país, como ya ocurriera con los muyahidín árabes que combatieron en Afganistán contra la URSS. Se calcula que hay más de tres millones de desplazados internos y de refugiados iraquíes en el exterior, principalmente en Siria y en Jordania, a causa de la violencia y la limpieza étnica y sectaria sistemática que se practica en el país. Esta situación entraña riesgos para los países vecinos, al exponerlos a posibles problemas de convivencia, inseguridad, crimen y, sobre todo, yihadismo producido por la llegada de algunos refugiados conflictivos.

Neoconservadores y huida hacia adelante
El proyecto neoconservador de convertir a Irak en un ejemplo de democracia pro occidental para todos los países del llamado Gran Oriente Medio y de transformar la región en un entorno menos inhóspito para su aliado israelí ha fracasado. Es difícil imaginar que haya muchos ciudadanos árabes que deseen ser “liberados” de sus sistemas autoritarios siguiendo el modelo iraquí. No se puede decir que Irak sea hoy un país más libre, democrático ni cohesionado que cuando gobernaba Saddam Husein de forma tiránica. Una consecuencia directa del fracaso neoconservador es que las iniciativas estadounidenses de promoción de la democracia han quedado profundamente desacreditadas a los pocos años de su lanzamiento.

Con un balance provisional de decenas de miles de civiles iraquíes muertos, más de 3.000 militares estadounidenses muertos y de 20.000 heridos, y con un coste económico de la guerra ya superior a los 350.000 millones de dólares, la superpotencia está dando muestras de debilidad e impotencia relativa en Irak. Al mismo tiempo, la imagen de EEUU ha sufrido un serio deterioro a nivel internacional, incluso entre sus aliados más cercanos, según indican encuestas como la del Proyecto Pew sobre Actitudes Globales. Otros países con aspiraciones de aumentar su poder, como China y Rusia, contemplan cómo Irak se ha convertido en una trampa para EEUU, cuyas fuerzas, economía, imagen y moral se resienten.

La “nueva estrategia para Irak”, anunciada por el presidente Bush el pasado 10 de enero, consiste esencialmente en aumentar en más de 20.000 efectivos su presencia militar en Irak, principalmente en Bagdad y sus alrededores; reforzar la presencia naval en el Golfo Pérsico; fortalecer al Gobierno de al-Maliki y contar con su hipotético apoyo para enfrentarse a los insurgentes y a las corrientes políticas contrarias a la ocupación; y, por último, confiar en el apoyo de los aliados árabes al Gobierno iraquí. Esta estrategia, menos novedosa de lo que su nombre desea indicar, sigue centrada en aspectos militares y de “seguridad dura”, y rehúye abordar los distintos conflictos regionales mediante procesos políticos, a pesar de que Bush hablara en su discurso de “estabilizar la región”, de “recabar apoyos para Irak” y de “hacer avanzar la libertad en una región turbulenta”. Los elementos centrales de esta estrategia ya han demostrado sus serias limitaciones en el pasado. Incluso en términos militares, el incremento de tropas se produce en un número insuficiente como para dar un giro a la situación. Esta estrategia confirma la unidireccionalidad de la actual Administración estadounidense, que sigue favoreciendo los métodos militares en detrimento de los procesos políticos para producir cambios, contrariamente a lo recomendado en el Informe Baker-Hamilton.

Del mismo modo que la estrategia de la Administración estadounidense para invadir Irak en 2003 se basó en algo inexistente (las armas de destrucción masiva), la estrategia presentada en 2007 se basa en algo que tampoco parece existir en la actualidad: unas fuerzas de seguridad iraquíes apartidistas y al servicio de toda la ciudadanía. A día de hoy en ese país no existe una autoridad central fiable ni unas instituciones estatales que ejerzan el monopolio de la violencia legítima. La infiltración de miembros de milicias y grupos armados, principalmente chiíes, en las fuerzas de seguridad hacen imposible que éstas jueguen un papel constructivo para alcanzar la paz social y la reconciliación nacional. Aunque existiera la voluntad política, será muy difícil purgar los cuerpos policiales de milicianos y elementos sectarios en un futuro cercano.

Un objetivo político que la Administración estadounidense persigue con esta estrategia consistiría en ganar tiempo durante el último cuarto de la presidencia de George W. Bush. Se espera que haya un período de calma aparente, sobre todo en Bagdad, durante el cual disminuya la intensidad de los atentados suicidas, ataques con explosivos y asesinatos. Nada asegura que esta estrategia, esencialmente militar, sea sostenible en el tiempo, ni que los gobernantes iraquíes vayan a colaborar con el entusiasmo que desea Washington ni tampoco que el período esperado de calma no sirva para que los grupos armados recuperen fuerzas.

Un dato llamativo del discurso de Bush es que no se hiciera mención a ninguna iniciativa para solucionar los conflictos entre israelíes y árabes, ni se asociaran dichos conflictos a la situación iraquí ni al auge del terrorismo. A falta de resultados tangibles, la reunión del cuarteto (EEUU, la ONU, Rusia y la UE) celebrada en Washington el 1 de febrero seguramente no represente más que un gesto cosmético de la Administración estadounidense en un momento en que necesita el apoyo de sus aliados árabes dentro de Irak y frente a Irán. Países como Egipto, Jordania y Arabia Saudí se enfrentan a una situación nada envidiable. Factores como el abandono por parte de EEUU de la diplomacia para resolver los conflictos israelo-árabes, su apoyo incondicional a las operaciones militares israelíes en Líbano y Gaza y su vista gorda ante los recortes de libertades en la región han generado percepciones negativas entre las poblaciones árabes y minado la credibilidad de Washington, lo que aumenta el grado de oposición interna al que se enfrentan sus aliados árabes.

¿Qué hacer para frenar el deterioro?
EEUU tiene opciones limitadas para reconducir el conflicto en Irak y evitar el rápido deterioro de la situación regional. Para tener alguna posibilidad de éxito, cualquier política estadounidense para Irak que sea genuinamente nueva debería abordar los desencadenantes políticos de los conflictos internos y regionales, así como las interconexiones existentes entre ellos. Algunas claves para pacificar Irak y mejorar la posición de EEUU en Oriente Medio están recogidas en el mencionado Informe Baker-Hamilton, entre las que figuran: revitalizar el proceso de paz entre árabes e israelíes, negociar con Irán y Siria, rechazar la división de Irak en tres países, promover la reconciliación nacional mediante una negociación política, acordar el reparto de los ingresos del petróleo, proporcionar seguridad y servicios a la ciudadanía, purgar los cuerpos de seguridad de elementos sectarios, atajar la corrupción, alcanzar un acuerdo sobre Kirkuk, reinsertar a los baazistas, otorgar una amplia amnistía y negociar una retirada ordenada de las tropas estadounidenses.

Irán y Siria son, juntos y por separado, parte del problema al que se enfrenta EEUU en Oriente Medio. Precisamente por eso deben ser también parte de la solución y se deben mantener con ellos canales de comunicación. En principio, todos los países vecinos de Irak tienen dos intereses comunes: impedir ser contagiados por el conflicto y evitar los efectos desestabilizadores de una posible partición del país. Más que nunca, resulta ahora necesaria una conferencia internacional, con la participación de las grandes potencias y los seis países vecinos de Irak para buscar puntos de encuentro e intereses compartidos, en la línea del Grupo de Apoyo Internacional propuesto por el Informe Baker-Hamilton. Ante la ausencia de una negociación política, la desconfianza profunda y falta de comunicación, especialmente entre EEUU e Israel por un lado e Irán y Siria por otro, hacen que estos países se estén preparando para el peor escenario posible, aunque de partida no necesariamente sea el más probable. Hasta el momento, las respectivas capacidades de disuasión, tanto convencional como no convencional, han evitado llegar a un enfrentamiento abierto entre estos países. Sin embargo, el “peor escenario posible” puede convertirse en una nueva profecía autocumplida, con consecuencias desastrosas no sólo para los contendientes.

Conclusiones: El Irak de hoy es un país en proceso de descomposición. Casi cuatro años más tarde, el balance de la ocupación de Irak difícilmente puede ser más sombrío. Amplias zonas de Irak están sumidas en el caos y las guerrillas y grupos armados actúan al margen del Estado, o incluso se infiltran en sus instituciones. Los focos de desestabilización se extienden por Oriente Medio de forma preocupante. Los enfrentamientos etnorreligiosos y el uso de la violencia para dirimir las luchas por el poder político y económico se producen con alarmante frecuencia en Irak, pero también en los territorios palestinos y en Líbano. La regionalización del conflicto iraquí ya no es algo inimaginable.

La estrategia para Irak presentada por Bush el pasado 10 de enero sigue centrada en aspectos militares y de “seguridad dura”, y rehúye abordar los distintos conflictos regionales mediante procesos políticos. Sus elementos centrales ya han demostrado sus serias limitaciones en el pasado. Salvo improbables sorpresas, la estrategia de Bush vendrá a confirmar una vez más el fracaso del proyecto neoconservador para remodelar Oriente Medio, lo que contrasta con su éxito para generar inestabilidad dentro y más allá de la región. Un Irak como “Estado fallido” puede ser una amenaza para la paz y la seguridad internacionales mayor de lo que ya lo fue cuando era gobernado por Saddam Husein.

Haizam Amirah Fernández
Investigador principal del Mediterráneo y Mundo Árabe, Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos